Morbo en los play off: Yoelkis Cruz se reecuentra con Víctor Mesa


Vctor-Mesa-extraer-del-box-al-lanzador-en-el-momento-oportuno.jpgPara Yoelkis Cruz el play off Granma-Matanzas que comienza hoy tendrá una connotación especial. No solo por ser la antesala de una nueva final, sino porque le da la posibilidad de reivindicar su trabajo como refuerzo de los Alazanes de Granma y, sobre todo, porque le permitirá reencontrarse con Víctor Mesa.

En la 53 Serie Nacional, el diestro tunero fue solicitado como refuerzo por el mentor de los Cocodrilos de Matanzas. Más de una vez, Víctor le sustituyó de manera apresurada y comenzó a abrir un abismo de desconfianza entre él y una de sus principales armas para intentar ganar el Campeonato.

La historia es ya conocida: los matanceros se impusieron en semifinales ante Villa Clara, pero cayeron luego frente a Pinar del Río en la definición del título de Cuba. Yoelkis, que había llegado a apuntalar el staff de abridores, terminó siendo utilizado como relevista, una labor que ha realizado muy poco en su carrera.

Junto al también tunero Carlos Juan Viera, Cruz cargó con buena parte del peso de aquella derrota. De acuerdo con el criterio de Víctor Mesa, expresado en una comparecencia ante las cámaras de la Televisión Cubana, los dos relevistas se presionaban por proceder de “equipos perdedores”.

La frase, dicha unas horas antes del choque que decidió un jonrón con bases llenas del vueltabajero Luis Alberto Valdés, rompió los últimos hilos que sujetaban la relación manager-lanzador y regresa ahora, tres años después, cargada de morbo.

Por si no fuera suficiente motivación, el nacido en Las Tunas llega con afán de superar sus prestaciones de la segunda fase de la campaña con los Alazanes. En 10 juegos iniciados, Yoelkis presenta balance de 3-5, efectividad de 4,14 y elevadísimo WHIP de 1,62.

Para aportar lo que esperan Carlos Martí y la afición granmense, el espigado serpentinero apelará no solo a su capacidad de trabajar en la zona de strike (tiene una tasa de solo dos bases por bolas cada nueve innings) y a sus muchos años encima del box, sino también a la necesidad impostergable de saldar una vieja deuda.

 

Béisbol para damas: Las Tunas gana invicto la V Copa 19 de Noviembre


La internacional Yisenia Frómeta, torpedera de Las Tunas, batea ante el equipo de Sancti Spíritus en la V Copa de Béisbol para damas 19 de Noviembre

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Aunque debió pelear cada out hasta el final, el equipo de Las Tunas se despidió con triunfo de 10×8 este martes ante Sancti Spíritus y ganó en condición de invicto la V Copa de Béisbol 19 de Noviembre, para féminas menores de 20 años, que concluyó en el sureño territorio tunero de Jobabo.

Quizás por llegar a la última jornada con el título asegurado, las tuneras debieron esforzarse un poco más de lo esperado ante las espirituanas, que arrancaron al frente con racimo de cuatro carreras en el capítulo inicial. Sin embargo, la fuerte ofensiva local se hizo sentir de inmediato y no paró hasta someter la enconada oposición de las centrales.

La inicialista Yasenia Tamayo remolcó tres carreras y lideró el ataque de las anfitrionas, complementado por la jardinera central Lieska Contreras (2-2 con par de remolques) y la antesalista Litsie Valera, quien produjo de 3-2, con una impulsada y otra anotada. Las tuneritas mostraron su versión más productiva y marcaron una decena de carreras con nueve jits, para apuntalar el segundo éxito en la lid de la diestra Carmen Rosa Pérez.

Por las del Yayabo sobresalieron la jardinera izquierda Damiani Bueno, de 4-3 y tres empujadas, así como la receptora Laura López, autora de un doble y un sencillo en tres turnos, suficientes para remolcar una y anotar tres veces. La abridora Marian Rodríguez cargó con el revés.

A primera hora, en uno de los mejores choques de todo el torneo, las excampeonas granmenses aseguraron el segundo puesto tras fabricar cinco anotaciones en el final del séptimo episodio y dejar al campo a Santiago de Cuba.

Las de la Capital del Caribe ganaban 11×7 cuando llegó la rebelión granmense, coronada por sencillo impulsor de dos carreras de Bárbara Blanco, que sirvió para empatar el choque, y por doblete decisivo al jardín central de Dacheris Gamboa.

La propia Gamboa encabezó la ofensiva de su equipo, al batear de 4-4 y empujar dos carreras. Además, se destacaron aluminio en mano Katiana Osorio (4-2, 3 CI), Arlen Sánchez (3-2, 2 CI) y Adalenis Varona (4-2, 2 CI). Por las santiagueras, la antesalista Rosaida Oliva se fue de 4-4, en tanto la inicialista Claudia Moré bateó de 5-4 y la camarera Yandalis García lo hizo de 3-2, con par de impulsadas.

La diestra Arianna Márquez, de relevo, se llevó su segundo triunfo del certamen, mientras que la internacional Maité Despaigne sufrió el descalabro.

Finalmente, en los dos últimos partidos Santiago de Cuba se impuso 3×1 a Pinar del Río, con gran labor de Luganis Lamothe; mientras que Sancti Spíritus cerró con éxito de 7×0 ante el propio elenco pinareño, el único sin victorias de la Copa.

Detrás de las invictas tuneras (4-0) se ubicaron por ese orden Granma (3-1), Santiago de Cuba (2-2), Sancti Spíritus (1-3) y Pinar del Río (0-4).

De acuerdo con la máxima responsable del béisbol para damas en Cuba, la exatleta Margarita Mayeta, la Copa 19 de Noviembre podría evolucionar el venidero año y convertirse en el torneo zonal oriental, clasificatorio para el Campeonato Nacional de la categoría.

 

Víctor Mesa y la coherencia de la DNB


victor mesa_mentor1La designación de Víctor Mesa como mentor del equipo cubano que jugará el próximo martes ante el Tampa Bay Rays, desde todo punto de vista polémica, nos sitúa ante una encrucijada en la que se hace necesario preguntarnos cuál es el mensaje que han pretendido lanzar la autoridades al tomar semejante decisión, pertenezcan o no a la Dirección Nacional de Béisbol (DNB).

Porque en condiciones normales, lo lógico sería premiar al mentor del equipo que concluyó primero en la fase clasificatoria de la 55 Serie Nacional. Sin embargo, la situación está muy lejos de ser normal.

Este es el contexto: El 24 de febrero, Víctor Mesa anunció en una entrevista a Cubadebate que este sería su último año como director y entre las razones que esgrimió mencionaba el hecho de que “no hay garantía alguna para mi integridad física, ni la de mi familia.”

Además, dio su versión sobre el incidente violento en el que se vio implicado: “En Pinar terminé siendo multado por tener un problema con un muchacho que me insultó con lo peor que se le puede insultar a un hombre, y mi hijo fue atacado por un individuo a la hora de subir a la guagua del equipo”, aseguró.

Ese mismo día, una nota de la Dirección Provincial de Deportes de Pinar del Río, publicada por el sitio web de la emisora Radio Guamá, presentaba los hechos desde otro prisma: “Cuando el compañero Víctor Mesa salió del Hotel Pinar del Río, para trasladarse en su carro hacia el estadio Capitán San Luis, un joven que se encontraba en las afueras de la instalación le profesó ofensas verbales. La reacción de Víctor no se hizo esperar y agredió físicamente, con golpes en el rostro, a dos estudiantes que pasaban en ese momento, y nada tenían que ver con lo sucedido. Investigaciones realizadas, confirman que venían de un repaso para las pruebas de ingreso a la Universidad.

“Familiares de uno de los agredidos se personaron en la Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria y realizaron la denuncia. Oficiales del Ministerio del Interior, iniciaron de inmediato el proceso de esclarecimiento de los hechos. Quedó mostrado, mediante testigos presenciales, que el compañero Víctor Mesa agredió al joven de 18 años. Junto al director se encontraba un integrante del equipo. En ningún momento su hijo Víctor Víctor fue agredido. De acuerdo con la legislación vigente la Policía Nacional Revolucionaria le aplicó una medida administrativa (…) Cualquier otro criterio, no se corresponde con la verdad”, concluyó la misiva.

Hasta aquí los hechos, presentados con ambos puntos de vista y listos para que cada cual acepte la versión que le parezca mejor fundamentada.

Ahora, pongamos algunas cosas en perspectiva. A estas alturas, si bien llama la atención que no se haya producido ninguna réplica por parte de Víctor Mesa, lo verdaderamente preocupante es que la Dirección Nacional de Béisbol no se haya pronunciado. Ni para desmentir lo relatado en uno u otro sentido, ni para anunciar medidas que aseguren la integridad de atletas y técnicos en los terrenos y en las áreas de descanso, y mucho menos para emprender acciones disciplinarias contra una figura pública (y muy publicitada) que olvidó su tremenda responsabilidad social y por tanto merece el equivalente castigo.

Todo lo contrario, la DNB responde con su nombramiento una vez más como mentor del elenco nacional para un partido que, más allá del resultado deportivo, tendrá una importante carga simbólica. Pareciera un premio a una actitud desde todo punto de vista reprochable que, por cierto, nadie se ha encargado de condenar a través de ningún medio nacional de la radio, la televisión o la prensa escrita.

Y es que existen al parecer dos imágenes totalmente distintas de Víctor Mesa: la que tiene un público al que llamaremos convencional, que consume solo los medios de prensa tradicionales y que es aséptica, todavía forjada por la leyenda que fue como pelotero; y la que se han podido formar quienes acceden asiduamente a los medios digitales, donde se habla sin medias tintas de los frecuentes desmanes protagonizados por el mentor de los Cocodrilos.

Porque eso sí, en la historia de quien ha dicho de sí mismo: “el show soy yo”, abundan los matices. Además de que tiene mucha razón al exigir seguridad para él y para su familia, Víctor Mesa es definitivamente un gran hombre de béisbol, un entrenador consumado que tiene el raro talento de convertir a sus equipos en máquinas de ganar juegos, que rescató del olvido a la tierra donde nació la pelota cubana y transformó a un conjunto sotanero como Matanzas en el mejor del país durante el último lustro.

Pero para alcanzar en calidad de mentor la gloria que ya tuvo como uno de los mejores jugadores de la historia del béisbol cubano, Víctor necesita mucho más que resultados deportivos. No basta con acumular más de 20 jugadores forasteros en la actual nómina de los Cocodrilos, casi un equipo Cuba, para intentar ganar su primer título como piloto; no es suficiente con disponer de recursos que no maneja ningún otro manager en el país y resolver algunas de las múltiples carencias materiales que sufren los atletas.

Obviamente, tampoco ayuda su intención de sostener una guerra sin cuartel en frentes tan diversos como el periodístico, el arbitral e, incluso, con los propios peloteros, llamando “cobarde” a uno de sus lanzadores que tuvo un mal día, o calificando de “equipos perdedores” a conjuntos orientales de los que ha tomado como refuerzos a atletas de grandes condiciones, muchas veces devueltos a sus provincias gravemente lesionados o afectados psicológicamente.

En su abultada colección, se incluyen insólitas expulsiones en medio de la discusión de las reglas del juego, salivazos a los pies de árbitros y arranques de furia luego de una derrota que le han llevado, incluso, a dejar plantadas a autoridades políticas de máximo nivel que solo pretendían saludarle.

Con semejante acumulación de despropósitos, a no pocos intriga el hecho de que las máximas autoridades de la pelota cubana hayan preferido mirar hacia otro lado cada vez que Víctor reincide. Por eso, además de rozar el escándalo, su reciente nombramiento está revestido de cierta coherencia, más allá de que se produzca apenas dos semanas después de su agresión a dos jóvenes pinareños. En una escueta nota, que llegó con ocho días de retraso, la DNB dijo haber valorado “que su condición de exatleta excepcional y la vasta experiencia que acumula como director le ponen en condiciones de contribuir al propósito de satisfacer las expectativas de la afición en un partido cargado de alto simbolismo.”

Asimismo, el comunicado reiteró el compromiso del equipo al que dirigirá Víctor Mesa de “representar dignamente a millones de cubanos”. Seguramente, no estaría de más preguntarnos qué piensan dos familias pinareñas al respecto.

Novato Diego Granado sostiene a Las Tunas en batalla épica ante los Gallos


Los números de Diego Granado son espectaculares: balance de 4-0, tres juegos salvados, efectividad de 1,87 y WHIP de 0,88.

Los números de Diego Granado son espectaculares: balance de 4-0, tres juegos salvados, efectividad de 1,87 y WHIP de 0,88.

Con una entereza impropia de sus 18 años, el novato Diego Granado fue este lunes la última frontera entre el equipo de Las Tunas y viejos fantasmas de desesperanza. Cuando nada parecía contener a los Gallos de Sancti Spíritus, crecidos en su valla, el diestro tunero se encaramó en el box para devolverles la vida a los Leñadores y dejar en cinco una racha de derrotas que llegó a ponerlos al borde del abismo.

La batalla del parque José Antonio Huelga será recordada por mucho tiempo entre las aficiones de ambos equipos. Ante el zurdo Yamichel Pérez, de excelente temporada, los tuneros consiguieron salir delante y ganaban 5×0, cuando en el sexto capítulo el abridor Yudiel Rodríguez dio las primeras muestras de cansancio. Consciente de lo crucial del choque, Ermidelio Urrutia apeló a su principal as, el veterano Yoelkis Cruz, quien no tuvo su mejor noche y fue cediendo terreno poco a poco hasta permitir un empate in extremis a la altura del noveno episodio.

Llegó entonces la hora del jovencito Granado, una apuesta arriesgada, pero a la postre decisiva, del Alto Mando tunero: la carrera de la derrota en segunda base y apenas un out en la pizarra fue la escena encontrada por este muchacho que, al decir de varios conocedores del béisbol, “lanza con la calma de un veterano”. Y ciertamente pareció un consagrado en la noche espirituana, primero para retirar el noveno capítulo sin más daños que las dos carreras permitidas por Cruz; y luego para sostener el pulso con el lanzador local Yankiel Mauri en un extrainnings de infarto.

No pudo marcar Las Tunas en la apertura del décimo y en la parte baja Granado consiguió reponerse de dos sencillos consecutivos para llevar el choque a Regla Ibaf. En la oncena entrada, un rodado por la intermedia de Dainier Rodríguez puso delante 6×5 a los Leñadores y trasladó toda la presión al equipo anfitrión.

Aferrados a su último asidero, los Gallos respondieron con otra espectacular igualada: con los dos corredores en circulación que estipula la regla del desempate, Granado ponchó a Javier Martínez y dominó en rolata por el campo corto a Yoandi Baguet, pero no pudo impedir que Daviel Gómez remolcara la anotación salvadora con un “texas” al jardín central.

Abriendo el duodécimo acto, la ofensiva tunera fracasó en su intento de adelantarse en el marcador, después de que fallaran con dos hombres a bordo Jorge Johnson y Andrés Quiala. La escena parecía lista para que los Gallos definieran por fin el kilométrico juego, quizás apelando a la presión inmensa que debía sentir el novel lanzador de los Leñadores. Pero si la sentía no lo demostró, pues ante la mejor tanda local logró crecerse una vez más: ponchó a Yunier Mendoza y retiró a Eriel Sánchez en elevado al derecho, antes de dominar a Jorge Ruiz y extender la épica batalla hasta el inning 13.

Con cuatro jits, incluido un jonrón, y tres carreras impulsadas, Yordanis Alarcón fue clave en la victoria tunera ante los Gallos.

Con cuatro jits, incluido un jonrón, y tres carreras impulsadas, Yordanis Alarcón fue clave en la victoria tunera ante los Gallos / Foto: Reynaldo López Peña

Quizás por el cansancio del espirituano Yankiel Mauri, luego de 6,0 entradas trabajadas; o inspirados en el improbable coraje de un joven de apenas 18 años, los Leñadores se deshicieron con furia de la incómoda sensación de saltar al vacío que se respiraba en cada acción del juego. En definitiva, un sencillo de Yordanis Alarcón con bases llenas, un elevado de sacrificio de Joenny Southerán y un triple de dos carreras de Yudier Rondón terminaron por fabricar un racimo de cinco anotaciones que puso fin a la enconada resistencia espirituana.

La victoria de 11×6 fue ya cuestión de tiempo. Granado se encargó de retirar sin tropiezos la última entrada y de paso dejar a los Gallos sin opciones de avanzar a la segunda fase de la 55 Serie Nacional.

Con 24 éxitos y 17 reveses, Las Tunas ascendió nuevamente al quinto puesto, colgada del brazo del más talentoso de sus lanzadores jóvenes. Para Diego Granado representó su cuarto triunfo sin derrotas en una temporada debut absolutamente espectacular: exhibe efectividad de 1,87, WHIP de 0,88 y sus contrarios le batean apenas 197; además de archivar tres salvamentos e igual número de participaciones en lechadas.

Béisbol cubano: Las carencias ofensivas sumen a Las Tunas en una crisis inesperada


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Foto: Reynaldo López Peña

Con cinco derrotas consecutivas, su peor racha de toda la temporada, el equipo de Las Tunas ha transitado en menos de una semana de la comodidad del tercer puesto a necesitar imperiosamente las victorias que impidan una eliminación catastrófica en la 55 Serie Nacional de Béisbol.

Paradójicamente, el punto de inflexión se produjo precisamente el día en el que más han disfrutado los parciales de los Leñadores, cuando Yosvani Alarcón conectó cuatro jonrones consecutivos en una doble jornada ante Holguín. Ocurrió el pasado día 19: con tres vuelacercas del receptor de la Selección Nacional, Las Tunas ganó el primer choque 9×4; pero los Cachorros sobrevivieron a otro bambinazo de Alarcón y terminaron llevándose el segundo, 7×5.

Fue el primer paso en el via crucis por el que transita ahora mismo el elenco tunero, tras ser barrido por los Piratas de Isla de la Juventud y ceder este domingo 10×3 ante los Gallos de Sancti Spíritus. Con balance de 23 éxitos y 17 fracasos, los del Balcón Oriental ocupan aún el sexto puesto, aunque aventajan en solo 2,0 juegos a Guantánamo, situado en el noveno lugar.

Al margen de algunos problemas con el pitcheo y la defensa, sobre todo en momentos claves, lo cierto es que el gran lastre de los Leñadores ha sido el brusco descenso de su principal arma en toda la temporada: la ofensiva.

Tanto ha disminuido el poder de fuego de los discípulos de Ermidelio Urrutia, que en los últimos 10 juegos promedian apenas 236. Del 295 que exhibían cerrado el segundo tercio del calendario, los de verde y rojo han descendido hasta 285, lastrados por un pésimo rendimiento de varios de los principales hombres de su alineación.

En la recta final de la primera fase, con el boleto clasificatorio al alcance de la mano, se han enfriado de manera inexplicable maderos tan importantes para el equipo como los de Dánel Castro, Andrés Quiala, Jorge Johnson y Yordanis Alarcón.

Un vistazo a su rendimiento en los 10 últimos encuentros arroja luz sobre el asunto:

  • Dánel, ubicado por derecho propio como tercer bate del equipo, ha sido llevado a la banca o movido hacia la parte baja de la alineación, pues promedia apenas 133 (30-4), con cinco carreras impulsadas, pero sin extrabases.
  • Andrés Quiala, como segundo en la tanda, batea solo 250 (40-10), con cuatro carreras anotadas y otras tantas remolcadas.
  • Yordanis Alarcón, quinto en el orden al bate y por tanto clave en la producción de carreras, no ha remolcado ninguna en los nueve partidos más recientes. En total, en las 10 últimas apariciones del equipo, acumula un doble como único extrabase y ha impulsado solo dos. Batea 238 (42-10)
  • Vismay Santos, que no ha podido encontrar la forma deportiva en toda la campaña, exhibe average de 238 (21-5).
  • Dainier Rodríguez, muy oportuno en la prime mitad del calendario preliminar, ha descendido drásticamente su producción y lo hace solo para 231 (26-6).

En este periodo de crisis ofensiva, la gran excepción ha sido el novato Rubén Paz, quien ha sostenido un paso muy estable y es ahora mismo tercero de los bateadores en el Campeonato, con promedio de 396. En los últimos 10 juegos, el jardinero central de Las Tunas batea para 412 (34-14).

Por su parte, Yosvani Alarcón lo ha hecho para 382 (34-13), aunque su ofensiva se ha desplomado y en los últimos cinco encuentros batea solo 200 (15-3). El receptor internacional tunero tuvo su punto álgido en la subserie frente a Holguín, cuando sacó cinco pelotas del parque Julio Antonio Mella, pero desde entonces no ha sido el mismo.

Finalmente, el inicialista Joenny Southerán ha bateado 281 (32-9).

A solo dos fechas de que concluya el calendario regular, Las Tunas necesita con urgencia un triunfo este lunes ante los Gallos de Sancti Spíritus, que detenga su caída libre y le ponga en mejores condiciones de enfrentar en noviembre los juegos pendientes con Pinar del Río, Matanzas y Guantánamo.

Amnesia


Pequeños detalles separaron dos escenarios totalmente distintos.

Pequeños detalles separaron dos escenarios totalmente distintos.

A la victoria de los Vegueros de Pinar del Río en la Serie del Caribe le ha seguido una interesante ola de acontecimientos: por un lado, de acuerdo con la televisora ESPN, los Medias Rojas de Boston estarían interesados en seguir los pasos de los Orioles de Baltimore y efectuar esta misma primavera un partido de exhibición en La Habana. Al mismo tiempo, el nuevo comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, acaba de reiterar que su oficina sigue con atención el nuevo escenario de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; y el Presidente de la Confederación del Caribe, Juan Francisco Puello, anunció en San Juan que viajará a la capital cubana en abril, con el objetivo de explorar las posibles contrataciones de peloteros antillanos por las ligas de la región.

Mientras, la 54 Serie Nacional continúa desde hoy, en medio del jolgorio que ha dejado una victoria de prestigio, la primera que se consigue en un torneo de primer nivel y absolutamente profesional. Sin embargo, al margen de esa alegría enorme, lo más peligroso ahora es la amnesia. Lo verdaderamente preocupante es esa funesta frase de “borrón y cuenta nueva”, pronunciada por quienes se disfrazan de veleta a la hora de emitir criterios. Lo fatal, en fin, sería caer en las mismas emboscadas que por décadas nos ha tendido el triunfalismo desmedido.

La delgada línea roja

Después de los tres reveses de Pinar del Río en la etapa clasificatoria de la Serie del Caribe, dos periodistas nacidos en Cuba que trabajan para ESPNdeportes.com firmaron sendos artículos en los que masacraban al béisbol de su tierra. “Cuba y Puerto Rico: Los débiles del Caribe” y “Poder de Cuba es historia antigua” fueron sus títulos. Y, aunque muchos pensamos inmediatamente en ellos cuando se concretó la victoria ante los Tomateros de Culiacán, no resultaría saludable obviar la cuota de razón que llevaban ambos.

Porque existió apenas una delgada línea entre la celebración del título y el desastre de regresar de San Juan sin victorias en cuatro salidas. Habría bastado que Héctor Mendoza no encontrara el centro del home en aquella octava entrada, cuando Puerto Rico amenazaba con las bases llenas; o que el dominicano Elián Herrera no hubiera dejado tendido a México con su largo batazo en la penúltima jornada.

Todo muy parecido al choque debut del I Clásico Mundial, cuando el panameño Rubén Rivera se negó a recibir un pelotazo que dejaba al campo a Cuba y que pudo haber cambiado por completo la historia. Finalmente, la Selección Nacional concluyó segunda con una actuación histórica y la fiesta fue tan apoteósica que la borrachera nos dura aún, cegados como hemos estado por una década a la evidente decadencia de nuestro béisbol.

Hace solo unos meses, causó una encendida polémica la clasificación de la Serie Nacional como un torneo de Clase A Avanzada. De acuerdo con parámetros como la calidad deportiva, infraestructura, captación y gestión del talento, entre otros, expertos del béisbol profesional estadounidense situaron a nuestro torneo doméstico muy abajo en la pirámide que está coronada por las Grandes Ligas, seguidas por los torneos Triple A (Ligas de México, República Dominicana y Venezuela) y Doble A (Liga Roberto Clemente, de Puerto Rico).

Matices más o menos, la realidad podría darles la razón: 16 equipos son muchos para concentrar la calidad y parece que no hay intenciones de variar esta situación hasta la edición 56 de la Serie; la tecnología de avanzada no está disponible por cuestiones económicas y la que poseemos se subutiliza; la sabermetría sigue siendo un juego de muchachos para muchos directivos y técnicos, todos de espaldas al hecho de que es hoy uno de los principales instrumentos para hacer campeón a un equipo en cualquier Liga del mundo. Además, la búsqueda de talento no es óptima y hoy se juega mucho menos béisbol en Cuba que durante los años más difíciles del Período Especial, por lo que es imposible contrarrestar la fuga constante de peloteros cada vez más jóvenes.

Increíblemente, el cubano es el único torneo élite del mundo en el que se hace necesario reglamentar un límite de lanzamientos, pues nuestros entrenadores y directores no interiorizan de una vez por todas que la especialización del pitcheo no es una moda, sino una necesidad y una enorme ventaja. Tanto es así, que a San Juan asistimos con solo nueve lanzadores, un detalle para nada menor que pone sobre la mesa un debate mucho más importante: ¿hasta qué punto están actualizados y conocen a fondo su trabajo quienes rigen hoy los destinos de la pelota nacional?

Por debajo del nivel

A su segunda cita caribeña, luego de cinco décadas de ausencia, Cuba envió un equipo Todos Estrellas de su liga, con el claro objetivo de ganar. En la trinchera contraria encontró siempre a elencos de calidad, pero muy lejos de poseer a los mejores exponentes de sus respectivos torneos nacionales. Sin ir más lejos, los Tomateros de Culiacán no incluyeron en su nómina al líder de los bateadores de la Liga Mexicana del Pacífico, el jugador de las Águilas de Mexicali, Gil Velázquez. Tampoco escogieron a los mejores en jonrones (Japhet Amador y Carlos Valencia), en impulsadas (Amador) o en anotadas (Leo Heras). Entre los lanzadores, dejaron fuera a los líderes en efectividad (Eddie Gamboa), ponches (Juan Oramas), salvamentos (Jonathan Arias) y en el importante indicador del WHIP (corredores embasados por entrada), dominado por el propio Gamboa.

El balance de tres victorias e igual número de reveses le alcanzó a Pinar del Río para regresar con el título, pero también para establecer un principio que no deberíamos olvidar: con una Selección Nacional bajo el rótulo de los Vegueros o de quien sea el futuro campeón, el béisbol cubano puede competir en la Serie del Caribe, pero eso no significa que esté al nivel de esas ligas invernales.

Por si fuera poco, otros factores de carácter extradeportivo entran en juego y nuestros elencos asisten a cualquier competencia con esa dañina presión extra a la que todos les sometemos: la de ganar a toda costa, so pena de regresar como fracasados. No pocas veces hemos visto a medallistas mundiales y olímpicos recibir preseas de plata y bronce como si del último lugar de la competencia se tratara, y en el béisbol esta percepción se acentúa.

Se trata de que, a lo largo de los años, hemos esgrimido a la pelota como bandera, refugio o arma arrojadiza, según haya convenido en cada circunstancia. En torno al béisbol, hemos construido un absurdo mito de invencibilidad, potenciado por una prensa disfuncional que unas veces se comporta increíblemente acrítica y otras roza el hipercriticismo.

Quizás, en medio de este momento histórico que vivimos los cubanos, convenga evadir la autocomplacencia, comenzar a tomar decisiones valientes y repensar al béisbol tal cual es: patrimonio intangible de una nación enamorada como pocas del deporte de las bolas y los strikes.