Califican a Yosvani Alarcón como principal estrella de la Selección Nacional de béisbol


alarconQuizás por primera vez en su carrera, el tunero Yosvani Alarcón ha sido presentado como principal estrella de la Selección Nacional de béisbol. Así lo hizo esta semana el sitio web oficial de la Liga Can-Am, al anunciar la presencia desde el próximo día 9 del equipo cubano, que enfrentará a los seis elencos de ese circuito independiente y al japonés Shikoku Island All-Stars.

Del mejor receptor de Cuba, la publicación destacó su poder al bate y la experiencia acumulada en varios eventos internacionales. No olvidemos que el jobabense viene de una temporada excepcional en la que encabezó con 20 vuelacercas a los sluggers de la 55 Serie Nacional y fue figura clave en el subtítulo de los Vegueros de Pinar del Río.

Además, Alarcón demostró ante el Tampa Bay Rays, de las Grandes Ligas, estar en condiciones de asumir incluso el tercer turno del equipo. En el histórico choque, efectuado el pasado marzo en La Habana, el tunero produjo un triple y un sencillo en cuatro turnos ante lanzadores de primer nivel mundial.

Con juegos que les llevarán indistintamente a territorios canadiense y estadounidense, los cubanos comenzarán su calendario este 9 de junio ante los Capitales de Québec y concluirán el 2 de julio, cuando enfrenten en un único partido a los japoneses.

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Víctor Mesa y la coherencia de la DNB


victor mesa_mentor1La designación de Víctor Mesa como mentor del equipo cubano que jugará el próximo martes ante el Tampa Bay Rays, desde todo punto de vista polémica, nos sitúa ante una encrucijada en la que se hace necesario preguntarnos cuál es el mensaje que han pretendido lanzar la autoridades al tomar semejante decisión, pertenezcan o no a la Dirección Nacional de Béisbol (DNB).

Porque en condiciones normales, lo lógico sería premiar al mentor del equipo que concluyó primero en la fase clasificatoria de la 55 Serie Nacional. Sin embargo, la situación está muy lejos de ser normal.

Este es el contexto: El 24 de febrero, Víctor Mesa anunció en una entrevista a Cubadebate que este sería su último año como director y entre las razones que esgrimió mencionaba el hecho de que “no hay garantía alguna para mi integridad física, ni la de mi familia.”

Además, dio su versión sobre el incidente violento en el que se vio implicado: “En Pinar terminé siendo multado por tener un problema con un muchacho que me insultó con lo peor que se le puede insultar a un hombre, y mi hijo fue atacado por un individuo a la hora de subir a la guagua del equipo”, aseguró.

Ese mismo día, una nota de la Dirección Provincial de Deportes de Pinar del Río, publicada por el sitio web de la emisora Radio Guamá, presentaba los hechos desde otro prisma: “Cuando el compañero Víctor Mesa salió del Hotel Pinar del Río, para trasladarse en su carro hacia el estadio Capitán San Luis, un joven que se encontraba en las afueras de la instalación le profesó ofensas verbales. La reacción de Víctor no se hizo esperar y agredió físicamente, con golpes en el rostro, a dos estudiantes que pasaban en ese momento, y nada tenían que ver con lo sucedido. Investigaciones realizadas, confirman que venían de un repaso para las pruebas de ingreso a la Universidad.

“Familiares de uno de los agredidos se personaron en la Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria y realizaron la denuncia. Oficiales del Ministerio del Interior, iniciaron de inmediato el proceso de esclarecimiento de los hechos. Quedó mostrado, mediante testigos presenciales, que el compañero Víctor Mesa agredió al joven de 18 años. Junto al director se encontraba un integrante del equipo. En ningún momento su hijo Víctor Víctor fue agredido. De acuerdo con la legislación vigente la Policía Nacional Revolucionaria le aplicó una medida administrativa (…) Cualquier otro criterio, no se corresponde con la verdad”, concluyó la misiva.

Hasta aquí los hechos, presentados con ambos puntos de vista y listos para que cada cual acepte la versión que le parezca mejor fundamentada.

Ahora, pongamos algunas cosas en perspectiva. A estas alturas, si bien llama la atención que no se haya producido ninguna réplica por parte de Víctor Mesa, lo verdaderamente preocupante es que la Dirección Nacional de Béisbol no se haya pronunciado. Ni para desmentir lo relatado en uno u otro sentido, ni para anunciar medidas que aseguren la integridad de atletas y técnicos en los terrenos y en las áreas de descanso, y mucho menos para emprender acciones disciplinarias contra una figura pública (y muy publicitada) que olvidó su tremenda responsabilidad social y por tanto merece el equivalente castigo.

Todo lo contrario, la DNB responde con su nombramiento una vez más como mentor del elenco nacional para un partido que, más allá del resultado deportivo, tendrá una importante carga simbólica. Pareciera un premio a una actitud desde todo punto de vista reprochable que, por cierto, nadie se ha encargado de condenar a través de ningún medio nacional de la radio, la televisión o la prensa escrita.

Y es que existen al parecer dos imágenes totalmente distintas de Víctor Mesa: la que tiene un público al que llamaremos convencional, que consume solo los medios de prensa tradicionales y que es aséptica, todavía forjada por la leyenda que fue como pelotero; y la que se han podido formar quienes acceden asiduamente a los medios digitales, donde se habla sin medias tintas de los frecuentes desmanes protagonizados por el mentor de los Cocodrilos.

Porque eso sí, en la historia de quien ha dicho de sí mismo: “el show soy yo”, abundan los matices. Además de que tiene mucha razón al exigir seguridad para él y para su familia, Víctor Mesa es definitivamente un gran hombre de béisbol, un entrenador consumado que tiene el raro talento de convertir a sus equipos en máquinas de ganar juegos, que rescató del olvido a la tierra donde nació la pelota cubana y transformó a un conjunto sotanero como Matanzas en el mejor del país durante el último lustro.

Pero para alcanzar en calidad de mentor la gloria que ya tuvo como uno de los mejores jugadores de la historia del béisbol cubano, Víctor necesita mucho más que resultados deportivos. No basta con acumular más de 20 jugadores forasteros en la actual nómina de los Cocodrilos, casi un equipo Cuba, para intentar ganar su primer título como piloto; no es suficiente con disponer de recursos que no maneja ningún otro manager en el país y resolver algunas de las múltiples carencias materiales que sufren los atletas.

Obviamente, tampoco ayuda su intención de sostener una guerra sin cuartel en frentes tan diversos como el periodístico, el arbitral e, incluso, con los propios peloteros, llamando “cobarde” a uno de sus lanzadores que tuvo un mal día, o calificando de “equipos perdedores” a conjuntos orientales de los que ha tomado como refuerzos a atletas de grandes condiciones, muchas veces devueltos a sus provincias gravemente lesionados o afectados psicológicamente.

En su abultada colección, se incluyen insólitas expulsiones en medio de la discusión de las reglas del juego, salivazos a los pies de árbitros y arranques de furia luego de una derrota que le han llevado, incluso, a dejar plantadas a autoridades políticas de máximo nivel que solo pretendían saludarle.

Con semejante acumulación de despropósitos, a no pocos intriga el hecho de que las máximas autoridades de la pelota cubana hayan preferido mirar hacia otro lado cada vez que Víctor reincide. Por eso, además de rozar el escándalo, su reciente nombramiento está revestido de cierta coherencia, más allá de que se produzca apenas dos semanas después de su agresión a dos jóvenes pinareños. En una escueta nota, que llegó con ocho días de retraso, la DNB dijo haber valorado “que su condición de exatleta excepcional y la vasta experiencia que acumula como director le ponen en condiciones de contribuir al propósito de satisfacer las expectativas de la afición en un partido cargado de alto simbolismo.”

Asimismo, el comunicado reiteró el compromiso del equipo al que dirigirá Víctor Mesa de “representar dignamente a millones de cubanos”. Seguramente, no estaría de más preguntarnos qué piensan dos familias pinareñas al respecto.

Béisbol cubano: Táctica y estrategia


las_tunas_vs_isla_juventud_0026(2)En 1948, los Indios de Cleveland asombraron al mundo del béisbol, luego de  colocar a tres jugadores entre la inicial y la intermedia para defender ante el poderoso bateador zurdo Ted Williams, quien promedió 344 en 19 temporadas y ganó dos veces la triple corona con los Medias Rojas de Boston.

El hoy miembro del Salón de la Fama de las Grandes Ligas, autor de 521 jonrones y 17 veces elegido al Juego de las Estrellas, no solo continuó pegándole con fuerza a la bola hacia la parte derecha del terreno, sino que esgrimió un argumento inapelable: “la cantidad de defensores es irrelevante si yo consigo batear un jonrón”.

Pero la solución aportada por los Indios no quedó en la anécdota. En realidad, la iniciativa de la “tribu” abrió nuevos horizontes a un deporte que hasta aquel momento había estado marcado casi exclusivamente por el talento de sus practicantes.

Las soluciones tácticas a las múltiples complejidades del béisbol lo han enriquecido desde entonces, hasta el punto de que no pocos autores las consideran como la esencia misma de esta disciplina. Sin embargo, y de acuerdo con el Dr. Eduardo Martín Saura, “en Cuba la pelota se distingue por el empleo de la fuerza a la ofensiva y el poco uso de la rapidez en combinaciones tácticas entre el bateador y los corredores, jugadas ofensivas y defensivas sustentadas en esquemas tácticos tradicionales, entre otras características.”

Al margen de aseveraciones científicamente sustentadas, el aficionado medio puede llegar a similares conclusiones con la simple observación de los partidos que animan la Serie Nacional. El deficiente corrido de las bases, el abuso del toque de bola, la ausencia de buenos robadores y un muy discutible manejo de los lanzadores son algunos de los lastres que han terminado por sumir al campeonato nacional en su etapa más gris. Y surge entonces una molesta interrogante: después de siglo y medio de práctica, ¿jugamos bien al béisbol en Cuba?

Evolucionar para ganar

En los últimos años, la televisión cubana ha mostrado al menos en dos ocasiones la exitosa película Moneyball. Protagonizada por el icónico Brad Pitt, la cinta cuenta la historia de Billy Beane, mánager general de los Atléticos de Oakland, quien revolucionó el béisbol de Grandes Ligas aplicando la teoría de Bill James en torno al uso en el deporte de materias como la matemática, la estadística e, incluso, la economía.

Bajo esos presupuestos, los modestos Atléticos consiguieron durante varios años ser competitivos ante equipos de mayor poderío económico; y aunque no alcanzaron el sueño de coronarse, al menos cumplieron el objetivo de cambiar radicalmente la manera de entender el juego.

Hoy, todos los equipos de las Grandes Ligas recurren a los números y a la tecnología para potenciar sus posibilidades de éxito. Al respecto, James asegura que “en el mundo del béisbol hay dos montañas de material, en una mano tenemos la tradición, cosas que se han dicho durante años y años. En la otra mano tenemos una enorme cantidad de números. Los estadísticos tienen un objetivo, saber cómo SON las estadísticas. A mí eso no me interesa, yo lo que quiero es saber qué SIGNIFICAN las estadísticas.”

De manera que la visión interpretativa del béisbol es la que rige hoy el accionar en las ligas más fuertes del mundo. Y al mismo tiempo, esta dicotomía hace las veces de espejo de la pelota nacional actual: por un lado, aún en mayoría, los tradicionalistas que aplican conceptos anticuados y se resisten al cambio y a la experimentación basada en la tecnología; y de otro, una minoría que ha comenzado a asociar su juego con tendencias modernas como la sabermetría, que intenta hacer un béisbol más cercano a los tiempos que vivimos.

Leña al fuego

Y ahora, volvamos a la pregunta de marras: ¿jugamos bien al béisbol? Y añadamos otra, aun más polémica: ¿en qué cara de la moneda situamos a Las Tunas?

Las respuestas se antojan sencillas, aunque en materia de nuestro deporte nacional nada parece serlo. Hace solo unas semanas, cierto periodista de una publicación nacional aseguró en las pantallas de Tele Rebelde que “el problema de Las Tunas es que no sabe jugar bien al béisbol”. La aseveración, por descarnada, provocó una ola de rechazo entre muchas personas cercanas al equipo tunero que participa en la 55 Serie. En realidad, se profirieron ofensas de todo tipo hacia un colega que, más allá de ciertos matices y absolutismos, expresó un criterio como mínimo respetable.

Porque solo tres días después, los Leñadores viajaron hasta Pinar del Río y mostraron ante las cámaras de la televisión cuántas fisuras tiene aún su juego táctico. En aquella ocasión fue sobre todo el corrido de las bases, aunque antes había sido la discutible utilización del pitcheo y esta semana, frente a los Piratas de Isla de Juventud, nuevamente por la pequeña pantalla y con todo el país como testigo, el equipo sufrió un apagón técnico-táctico imposible de obviar.

De modo que no hay problemas en reconocerlo: no se juega un buen béisbol en Cuba, al menos no el que deberíamos practicar luego de tantas décadas de historia; y, claro, no lo hacemos bien en Las Tunas, una de la provincias que se ha quedado detrás en la incorporación de aspectos como la sabermetría, por citar un ejemplo.

Y no se trata de desatar una nueva cacería de brujas, ni buscar culpables de culpas menores, sino de ir a la esencia misma del problema: necesitamos establecer finalmente una estrategia común a todas las categorías de la pelota tunera, en la cual se potencie el trabajo técnico desde la perspectiva de la táctica como conglomerado que agrupa no solo a las diversas respuestas de jugadores y técnicos ante cada acción de juego, sino también a todo tipo de tendencias actuales en cuanto a sistemas de entrenamiento, preparación psico-pedagógica del atleta y uso adecuado de los avances sabermétricos y, en un sentido más amplio, tecnológicos.

Sacar al béisbol cubano del siglo XX y subirlo al tren de la modernidad es una tarea impostergable. Mientras más temprano lo entiendan quienes todavía hacen resistencia al cambio, más rápido comenzarán a verse los resultados en un contexto que apunta al intercambio cada vez más habitual con los principales centros de poder del béisbol mundial.

A fin de cuentas, el gran Ted Williams no entendió nunca esta necesidad y, si bien su espectacular carrera lo ubica hoy entre los 10 más grandes bateadores de todos los tiempos, lo cierto es que a nivel colectivo jamás pudo ganar una Serie Mundial. De hecho, los Medias Rojas se habían coronado por última vez en 1918 y no fue hasta el 2004 que volvieron a reinar. Curiosamente, lo consiguieron luego de contratar a Bill James como asesor y apegarse por completo a sus concepciones modernas de ver y jugar al béisbol.

Henry Urrutia lidera en jonrones e impulsadas la Liga Venezolana


Henry-Urrutia-LeonesDespués del bullicio de su espectacular debut, que le convirtió en el mejor jugador de la primera semana de la Liga Venezolana de Béisbol, el cubano Henry Urrutia ha mantenido su consistencia al bate con los Leones de Caracas, hasta el punto de encabezar el Campeonato en los vitales departamentos de jonrones y carreras impulsadas.

El tunero acumula tres vuelacercas y ha remolcado a 12 compañeros en igual cantidad de juegos, hasta convertirse en pieza fundamental de la maquinaria caraqueña, líder de la Liga con balance de nueve victorias y solo tres derrotas.

Urrutia comparte el liderato de jonrones con David Adams (Zulia), Rangel Ravelo (Lara) y con su coequipero Danry Vásquez; al tiempo que manda en solitario entre los primeros remolcadores, seguido por el propio Ravelo (11) y por Alex Núñez (10), de los Tigres de Aragua.

En total, el ex jardinero de los Leñadores de Las Tunas promedia 340 (47-16), con tres dobles, tres bambinazos y slugging de 596.

El antillano ha sido una de las incorporaciones más exitosas de la Liga Venezolana en la presente campaña, luego de completar un buen año con la organización de los Orioles de Baltimore. En la categoría Triple A, Urrutia conectó 10 jonrones, impulsó 53 carreras y promedió 291; mientras que en su corta estadía en Grandes Ligas bateó 265 en solo 10 juegos, con un biangular, un batazo de cuatro esquinas y seis remolques.

Liga Venezolana de Béisbol: Poder cubano lleva a los Leones de Caracas hasta la cima


urrutia-2En un partido que enloqueció a la altura del noveno episodio, el poderío ofensivo de los cubanos Henry Urrutia y Félix Pérez contribuyó este miércoles al triunfo 9×8 de los Leones de Caracas sobre los Tiburones de La Guaira y al ascenso del equipo capitalino al primer puesto de la Liga Venezolana de Béisbol.

Después de obtener el premio al mejor jugador de la primera semana, el tunero Urrutia continuó con su buen paso ofensivo y remolcó una carrera con doble, sencillo y un boleto en cuatro turnos oficiales al bate. Por su parte, el pinero Pérez se fue de 5-3, igualmente con un biangular y una remolcada.

Los Tiburones ganaban 4×2 a la altura del noveno episodio, pero los felinos fabricaron un gran racimo de siete anotaciones para darle la vuelta por completo al marcador. Sin embargo, La Guaira salió a vender cara su derrota y pisó la goma en cuatro ocasiones, hasta dejar pizarra final de 9×8.

felix_perez1En el choque, el también cubano Ronnier Mustelier, ubicado como antesalista y quinto bate de los escualos, produjo de 4-2, con par de carreras impulsadas.

La victoria fue la cuarta consecutiva de los Leones de Caracas, que con balance de 5-2 ocupan el primer puesto de la Liga, seguidos por los Cardenales de Lara (4-2) y los Bravos de Margarita (3-2).

Joan Carlos Pedroso y su segunda juventud: Jonrón decisivo en victoria de Los Mochis


CanerosPedrosoA sus 36 años, Joan Carlos Pedroso parece haber regresado a los 18, cuando era considerado el mejor pelotero juvenil del mundo y prometía ser una de las grandes figuras del béisbol cubano.

Era finales de los 90 y el tunero llegaba a las Series Nacionales en medio de un mar de expectativas, luego de haber amasado un impresionante currículo, lleno de premios colectivos e individuales con los equipos cubanos en categorías menores. Venía de encabezar una generación en la que sobresalían igualmente el entonces torpedero Michel Enríquez y el corpulento receptor Yosvani Peraza. Nada menos.

Sin embargo, unas veces las continuas lesiones y otras sus modestas actuaciones internacionales, no le permitirían desplegar por completo el arsenal de talento que todos apreciaban. Aun así, el tunero es el máximo jonronero activo de la pelota nacional, con 300 vuelacercas. Y aunque quizás nunca más vista el uniforme de Las Tunas, para la historia del equipo verdirrojo dejó siete temporadas de más de 20 vuelacercas, incluyendo la de 2010, en la que alcanzó topes de su carrera, con un total de 29 bambinazos y 83 carreras impulsadas en solo 74 juegos.

Después de protagonizar una sonada polémica con el exmanager de Las Tunas, Juan Miguel Gordo, y quedar fuera de la nómina de los Leñadores en la temporada 2013-2014, Pedroso se fue a probar suerte a la Liga Italiana, donde compartió aventura con su amigo Norberto González como los únicos jugadores de experiencia en el Nettuno II, segundo equipo de la ciudad más beisbolera de la península itálica. Rodeado de atletas imberbes y con una forma física en la que todavía pesaban sus constantes problemas de sobrepeso y, por ende, sus lesiones de rodillas; Joan Carlos pasó sin penas ni glorias por un circuito que descubrió más exigente de lo que estiman desde esta Isla quienes aún miran con recelo la calidad del béisbol que se practica en el Viejo Continente.

Y cuando muchos lo daban por acabado, el slugger cubano encontró una nueva oportunidad con los Cañeros de Los Mochis, en la competitiva Liga Mexicana del Pacífico, evaluada por expertos de Major League Baseball con categoría Triple A.

pedroso_caneros_mochis2015En la tercera ciudad del estado de Sinaloa, Joan Carlos Pedroso se convirtió en inicialista y cuarto bate de la Fuerza Verde. Con el peso ideal, no  visto por años en el corpulento toletero, debutó el 11 de octubre de 2014 contra los Yaquis de Obregón y en su primer turno al bate conectó doblete que estuvo muy cerca de ser jonrón. Aquella noche, el antillano se fue de 6-3, con una impulsada, y comenzó a mostrar la clase de poder que buscaban los Cañeros.

Al finalizar una primera campaña en la que se perdió todo un mes de juego por lesión, sus números fueron elocuentes: con 20 juegos menos que el resto de los titulares, encabezó al equipo en jonrones (8), promedio de embasado (426), boletos recibidos (34) y OPS (912); además de ser segundo en carreras impulsadas (26) y slugging (486).

Tras semejante actuación, los sinaloenses no podían menos que llamarle otra vez para la presente temporada. Y el cubano no les ha fallado, al protagonizar otro inicio por todo lo alto, pues en los tres primeros choques promedia .385 (13-5), con un doble, un jonrón y tres carreras impulsadas.

Jonrón decisivo ante Tomateros

Su más reciente aporte a la causa verde se produjo este martes, cuando pegó un cuadrangular de tres carreras a la altura del décimo capítulo, para darle a Los Mochis triunfo de 8×5 ante los Tomateros de Culiacán. En el choque, Pedroso se fue de 5-2, con sencillo, cuadrangular y tres remolques.

En el arranque de la temporada, las Águilas de Mexicali (3-0) marchan al frente, seguidos por Jalisco (3-1), Los Mochis (2-1), Obregón (2-1), Mazatlán (1-2), Culiacán (1-2), Navojoa (1-2) y Hermosillo (0-4).