Béisbol cubano: 10 olvidos imperdonables en el draft de los refuerzos


641x400-duvergelgtmoSi el líder jonronero de la temporada es desdeñado por seis mentores, y encima se hace acompañar por un bateador zurdo de sobrada experiencia internacional, con una espectacular línea ofensiva de 400/524/600, entonces del draft de refuerzos del béisbol cubano habrá cumplido con su particular cuota anual de increíbles olvidos y polémicas preferencias.

Si a algunos les llamó la atención la inclusión de nombres como los del santiaguero Danny Betancourt (Camagüey), el pinareño Reynier León (Villa Clara) o el tunero Yordanis Alarcón (Camagüey), no pocos se sorprendieron de ver fuera de la lista de 30 refuerzos a varios jugadores con números, prestigio o demostrados nervios de acero como para hacer mejores a los seis elencos que siguen en la disputa por la corona de Cuba.

Aquí la lista de las 10 exclusiones más increíbles del draft de refuerzos, versión 2016:

  1. Luis Manuel Castro (Abridor, Mayabeque)

El mejor lanzador de los Huracanes en la temporada consiguió balance de 5-3 con un equipo que culminó último después de ganar solo 11 juegos y perder 33. Castro lanzó para 2,67 carreras limpias por cada nueve entradas y tuvo un aceptable WHIP de 1,28. Sus oponentes le batearon 255 y promedió más de 6,0 innings de labor por cada apertura.

  1. Norberto González (Abridor, Cienfuegos)

Ganó cinco juegos en nueve decisiones y eso es casi todo lo bueno que puede hablarse del veterano zurdo de los Elefantes, además de su acostumbrada tasa de solo tres boletos por juego completo. Sin embargo, la experiencia acumulada durante tantos años de brega encima del box hacían del sureño una opción viable para las dos rondas finales, sobre todo teniendo en cuenta la depresión del pitcheo zurdo cubano. Norberto trabajó para 4,33 y los contrarios le promediaron un altísimo 314.

  1. Rudy Reyes (Jugador de cuadro, Industriales)

Ya sin la velocidad necesaria para desplazarse en las bases o mantenerse como un defensor fiable, el capitalino conserva intacta su condición de toletero oportuno, de los que se motivan con momentos de tensión. Hace poco más de un año fue líder de los bateadores en los Juegos Panamericanos de Toronto, donde ratificó su leyenda de hombre acostumbrado a rendir con el uniforme de la Selección Nacional. Con la camiseta azul de los Industriales, Reyes exhibió línea ofensiva (AVE/OBP/SLU) de 312/350/384, con 15 remolques cuatro jonrones.

  1. Luis E. Castillo (Relevista, Guantánamo)

No suelen correr con suerte los Indios en estos deslucidos shows de los refuerzos. Varios peloteros guantanameros con excelentes números han sido ignorados otros años y esta vez fue el turno de Castillo, autor de ocho salvamentos en la primera fase de la 56 Serie. El apagafuegos oriental trabajó además para un excepcional 2,25 y ponchó a 21 bateadores en 24 entradas de labor.

  1. Eriel Sánchez (Receptor, Sancti Spíritus)

No volverá nunca más a ser el slugger increíblemente agresivo y eficaz con corredores en circulación de antaño, pero como el gallo espirituano quedan pocos bateadores en el béisbol cubano. Su rendimiento estuvo lejos de lo espectacular (267/315/466), aunque pegó seis cuadrangulares y remolcó 23 carreras. En los últimos días, su director en la presente campaña acusó públicamente a algunos veteranos del equipo que ansían dirigir a los Gallos aun siendo jugadores activos y, a pesar de que su nombre nunca apareció en las polémicas declaraciones, estas bien pudieron ser una voz de alerta para el resto de los mentores.

  1. Dánel Castro (Designado, Las Tunas)

Aunque conserva buena parte de su velocidad, las lesiones y un sinnúmero de padecimientos lo han obligado a dosificar esfuerzos. Por eso no jugó ni siquera un inning a la defensa en toda la temporada. Pero Dánel Castro tiene otros conocidos atributos, mucho menos cuantificables y por ende más valiosos, que le habrían convertido en un gran refuerzo. Bien lo saben los Azucareros de Villa Clara, a quienes ayudó a poner fin a una sequía de 18 años sin títulos. El “Héroe de Baltimore” sencillamente no tiene nervios y está hecho para momentos de definiciones. Además, amasó estadísticas, cuanto menos, interesantes: 293/382/478, con ocho dobles, siete jonrones y 34 impulsadas.

  1. Dainier Gálvez (Camarero, Isla de la Juventud)

Hace solo unos días igualó un récord para play off de la pelota cubana, al conectarle de 5-5 al pitcheo de los Cachorros de Holguín. Sin la elegancia o la clase de otros, el camarero pinero creció a la sombra de Michel Enríquez, hasta convertirse en un pelotero que todo lo hace bien. En la actual temporada compiló un excepcional 370/449/506, además de remolcar 27 carreras y liderar el departamento de dobles, con 16. Si no bastara, como defensor de la intermedia cometió apenas tres errores en 237 lances y concluyó con envidiable promedio de 987.

  1. Yariel Duque (Antesalista y designado, Artemisa)

El matancero devenido artemiseño jugó la mitad de sus partidos en la antesala y el resto como bateador designado, un puesto que honró al pegar 10 jonrones y concluir como líder la primera fase, igualado con el avileño Luis Robert Moirán. Quizás la condición de eterno hombre de cambio a la que fue condenado por Víctor Mesa en Matanzas, haya terminado por pesar en los directores que debían decidir si incluirlo o no en sus nóminas. Al margen de esas suspicacias, el toletero zurdo tuvo línea ofensiva de 318/396/597, con 30 impulsadas, seis dobles y 10 vuelacercas. Esta vez, las matemáticas debieron ser suficientes.

  1. Leonardo Urgellés (Jardinero, Isla de la Juventud)

Un hombre que batee 372, exhiba average de embasado de 472 y slugging de 579 no puede quedarse fuera a la hora de escoger 30 refuerzos. Mucho menos si concluye cuarto en impulsadas (38), quinto en total de bases (84) y en OPS (1051), y sexto en slugging. A la defensa se desempeñó en todas las posiciones del outfield y promedió un excelente 981 (dos errores en 103 lances). Finalmente, un dato muy revelador: sus 11 asistencias fueron el mayor número registrado por un jugador que se desempeñara únicamente en los jardines.

  1. Giorbis Duvergel (Designado, Guantánamo)

Ciertamente, jugó solo 41 entradas como jardinero central de los Indios, lo cual le resta mucha versatilidad y opciones de adaptación a la dinámica de otro equipo. Pero, señores, lo de Giorvis con el madero en la mano fue sencillamente espectacular: su línea ofensiva fue de 400/524/600. O sea, segundo en average, primero en promedio de embasado y cuarto en slugging, además de concluir como sublíder en OPS (1124). Bateó ocho dobles y cinco jonrones, recibió 31 boletos en 37 juegos y se ponchó solo 11 veces. Lo del guantanamero en los últimos años ha sido lo más parecido a un Expediente X, pues sus números le han situado siempre en lo más alto de las eventuales preferencias y, en más de una ocasión, ha debido observar por la tele la segunda fase de la temporada.

Otros jugadores excluidos: Yunier Mendoza (SSP/ AVE: 311, OBP: 395), Daviel Gómez (SSP/ AVE: 332, H: 63_líder), Duniesky Barroso (SSP/ AVE: 363, CI: 25), Andrés Reyna (SCU/ AVE: 343, OBP: 472, SLU: 515), Ernesto Lalana (LTU/ AVE: 319, CI: 20), Jorge Johnson (LTU/ AVE: 360, OBP: 410, CI: 16), Yorbert Sánchez (IND/ AVE: 350, DEF: 976), Gerardo Casí (IJV/ AVE: 338, SLU: 519, CI: 25), Rigoberto Gómez (IJV, AVE: 356, OBP: 419), Robert L. Delgado (GTM/ AVE: 310, OBP: 445, 2B: 14), Juan M. Soriano (CFG/ AVE: 324, OBP: 417, CI: 24).

Otros lanzadores excluidos: Orlandis Martínez (GTM/ G-P: 4-1, PCL: 3,45), Eddy Abel García (IND/ G-P: 4-1, PCL: 3,66), Ubisney Bermúdez (LTU/ G-P: 5-3, PCL: 3,74), Yoendris Montero (SCU/ PCL: 2,41).

Pestano, Valdés, Alarcón… el círculo infernal de Víctor Mesa (+vídeo)


Ariel Pestano, Luis Alberto Valdés, Yosvani Alarcón… El vía crucis de Víctor Mesa y sus Cocodrilos hacia un título nacional tiene sus propios demonios: tres hombres y sus jonrones estratosféricos, tres instantes inolvidables e igual número de dolorosos reveses (acaso injustos) para la tierra en la que obtuvo su inscripción de nacimiento el béisbol cubano.

Todo comenzó con el fatídico número 13 de Pestano, el 18 de junio de 2013, durante el quinto juego del play off final entre Villa Clara y Matanzas. En el sexto inning del choque, el considerado por muchos mejor receptor de la historia de la pelota cubana pegó un jonrón con bases llenas que dejó sin opciones a los de la Atenas de Cuba.

Su celebración, con dedicatoria incluida hacia la cueva de los Cocodrilos, estuvo marcada por una arbitraria marginación de la Selección Nacional y por su largo historial de enfrentamientos con Víctor, en la etapa de este como mentor villaclareño. El batazo tuvo cierto toque de “justicia divina” y puso fin a una sequía de títulos naranjas que se extendió por 18 años.

valdésEl segundo capítulo se escribió el 17 de abril de 2014. Su autor fue el torpedero Luis Alberto Valdés, quien igualmente encontró las almohadillas congestionadas y envió la bola más allá de los límites del terreno en el Victoria de Girón, para darle el tiro de gracia al elenco matancero. Fue en el sexto encuentro de la gran final, ganada 4-2 por las huestes de Alfonso Urquiola.

Y el círculo diabólico completó su tercera órbita alrededor de Víctor Mesa este 3 de abril, nuevamente con el Palacio de los Cocodrilos como escenario. En esta ocasión, el tunero Yosvani Alarcón fue el protagonista, solo unas semanas después de que el piloto del conjunto yumurino declinara incluirlo como refuerzo de su equipo.

El bambinazo de Alarcón, su número 20 de la temporada, no encontró corredores en circulación, pero fue suficiente para que los Vegueros de Pinar del Río avanzaran a su tercera final en seis años.

f0057359Tras el dramático desenlace, y luego de que este blog enjuiciara recientemente la reprobable conducta de Víctor Mesa, se han recibido aquí varios mensajes con un denominador común: aun cuando un alto por ciento de los cubanos preferiría no ver al manager de Matanzas levantar un título nacional, no pocos han expresado un sentimiento de compasión hacia ese hombre obsesionado con una meta que año tras año se le hace esquiva.

Porque si de las horas de desvelo y dedicación al juego dependiera, hace mucho tiempo que Víctor sería campeón de Cuba. Si solo bastara con su capacidad de rescatar del olvido al béisbol matancero y de premiar el esfuerzo casi sumiso de sus atletas, el polémico mentor habría ascendido ya a la cumbre de la Serie Nacional.

Pero, a todas luces, nada de eso es suficiente y la gloria yumurina tendrá que esperar. Quizás a que la fortuna cambie definitivamente de bando, a que sus peloteros sean los mejores sobre el terreno de una vez por todas, o a que los dioses a los que cada tanto apela Víctor, decidan romper finalmente el círculo infernal que lo aprisiona.

Béisbol cubano: El tsunami se llama Alarcón


alarcón-decidió-con-bambinazo-foto-alejandro-rosales-el-guerrilleroCuando la pelota emprendió vuelo hacia el techo del estadio Victoria de Girón, Yosvani Alarcón comprendió de golpe que con el sideral batazo se había completado su extenso viaje hacia la consagración en la pelota cubana. La alegría incontenible de su rostro lo delataba: más allá de lo que pueda suceder en la final ante los Tigres de Ciego de Ávila, sabía que su nombre pasaba automáticamente a estar escrito con mayúsculas en la historia de la 55 Serie Nacional.

Porque su vigésimo cuadrangular de la temporada no solo concretó una espectacular remontada de los Vegueros de Pinar del Río ante el Matanzas de Víctor Mesa, ni siquiera porque les permite a los del extremo occidental de Cuba estar en su tercera final en seis años; sino porque una conexión de esta naturaleza, revestida de todos los resortes dramáticos que conducen a la gloria, despojan al mejor receptor del país de los lastres que hasta hoy lo separaban de la condición de indiscutido bateador estelar.

Se decía que sus deseos de jugar lo traicionaban en los momentos grandes, que la exigencia del público le agregaba presión y que el puesto de tercer bate pinareño, por el que han desfilado entre muchos otros, hombres tan grandes como Luis Giraldo Casanova y Omar Linares, le pesaba a la hora buena. Quizás fuera esa la causa de su inclemente sonrisa hacia la fanaticada matancera, a la que agradeció al final del choque por asediarle incansablemente y, de paso, ayudarle a divertirse jugando al béisbol y permitirle hacer mejor su trabajo, de acuerdo con sus propias palabras.

De manera que el día señalado, en el que no se podía fallar, Yosvani Alarcón produjo de 5-3 y consiguió su primer walk-off en postemporadas. El enmascarado de la Selección Nacional ayudó al triunfo de 3×2 que se agenció el diestro Yosvani Torres y que cita a Vegueros y Tigres para disputar el título desde el próximo miércoles.

Y es que el apellido Alarcón terminó por ser clave en la semifinal frente a los matanceros. Yosvani sumó tres vuelacercas y remolcó nueve carreras en los siete encuentros del play off; mientras que su hermano Yordanis, con una jornada aciaga de cuatro errores en el quinto juego, tomó sobrado desquite este domingo al batear de 4-3 e impulsar la primera anotación de su equipo, justo cuando perdía 2×0. Fue la carrera de la chispa que a la postre hizo reventar otra vez al Palacio de los Cocodrilos, doblemente valiosa por sacar del box al estelar Freddy Asiel Álvarez a la altura del sexto episodio.

Luego, cuando Yordanis atrapó el último rodado del choque y consiguió el out en la intermedia, el deporte-pasión de los cubanos volvió a demostrar que siempre ofrece la otra mejilla y regala revanchas tan disfrutables como la vivida por el antesalista de los Leñadores, que ha seguido vestido de verde para defender la esquina caliente de la provincia con más títulos en las últimas cinco décadas del béisbol nacional.

La enorme tarde de los hermanos Yosvani y Yordanis Alarcón en tierras matanceras cerró el círculo perfecto de su aportación en el regreso de los Vegueros a la pelea por la corona. El pasado 26 de marzo, entre ambos produjeron cinco carreras y contribuyeron a la paliza pinareña de 12×2, durante el juego uno de la postemporada de la 55 Serie Nacional.

En los siete compromisos ante Matanzas, Yosvani Alarcón produjo para 355 (31-11), con tres jonrones, un triple, nueve remolques, ocho carreras anotadas y, en total, 14 producidas para encabezar el ataque del tsunami. Por su parte, Yordanis estuvo menos brillante, con average de 269 (26-7) y tres impulsadas.

La próxima parada para la nave verde será la guarida de los Tigres de Ciego de Ávila, vigentes campeones y arrasadores victimarios de los Leones de Industriales en la otra semifinal. Tal y como les sucedió ante los Cocodrilos, los Vegueros no saldrán favoritos, aunque el peso de su tremenda historia volverá a jugar a su favor. Eso, y la valía de dos hermanos que en cada salida engrandecen el apellido Alarcón.

Víctor Mesa y la coherencia de la DNB


victor mesa_mentor1La designación de Víctor Mesa como mentor del equipo cubano que jugará el próximo martes ante el Tampa Bay Rays, desde todo punto de vista polémica, nos sitúa ante una encrucijada en la que se hace necesario preguntarnos cuál es el mensaje que han pretendido lanzar la autoridades al tomar semejante decisión, pertenezcan o no a la Dirección Nacional de Béisbol (DNB).

Porque en condiciones normales, lo lógico sería premiar al mentor del equipo que concluyó primero en la fase clasificatoria de la 55 Serie Nacional. Sin embargo, la situación está muy lejos de ser normal.

Este es el contexto: El 24 de febrero, Víctor Mesa anunció en una entrevista a Cubadebate que este sería su último año como director y entre las razones que esgrimió mencionaba el hecho de que “no hay garantía alguna para mi integridad física, ni la de mi familia.”

Además, dio su versión sobre el incidente violento en el que se vio implicado: “En Pinar terminé siendo multado por tener un problema con un muchacho que me insultó con lo peor que se le puede insultar a un hombre, y mi hijo fue atacado por un individuo a la hora de subir a la guagua del equipo”, aseguró.

Ese mismo día, una nota de la Dirección Provincial de Deportes de Pinar del Río, publicada por el sitio web de la emisora Radio Guamá, presentaba los hechos desde otro prisma: “Cuando el compañero Víctor Mesa salió del Hotel Pinar del Río, para trasladarse en su carro hacia el estadio Capitán San Luis, un joven que se encontraba en las afueras de la instalación le profesó ofensas verbales. La reacción de Víctor no se hizo esperar y agredió físicamente, con golpes en el rostro, a dos estudiantes que pasaban en ese momento, y nada tenían que ver con lo sucedido. Investigaciones realizadas, confirman que venían de un repaso para las pruebas de ingreso a la Universidad.

“Familiares de uno de los agredidos se personaron en la Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria y realizaron la denuncia. Oficiales del Ministerio del Interior, iniciaron de inmediato el proceso de esclarecimiento de los hechos. Quedó mostrado, mediante testigos presenciales, que el compañero Víctor Mesa agredió al joven de 18 años. Junto al director se encontraba un integrante del equipo. En ningún momento su hijo Víctor Víctor fue agredido. De acuerdo con la legislación vigente la Policía Nacional Revolucionaria le aplicó una medida administrativa (…) Cualquier otro criterio, no se corresponde con la verdad”, concluyó la misiva.

Hasta aquí los hechos, presentados con ambos puntos de vista y listos para que cada cual acepte la versión que le parezca mejor fundamentada.

Ahora, pongamos algunas cosas en perspectiva. A estas alturas, si bien llama la atención que no se haya producido ninguna réplica por parte de Víctor Mesa, lo verdaderamente preocupante es que la Dirección Nacional de Béisbol no se haya pronunciado. Ni para desmentir lo relatado en uno u otro sentido, ni para anunciar medidas que aseguren la integridad de atletas y técnicos en los terrenos y en las áreas de descanso, y mucho menos para emprender acciones disciplinarias contra una figura pública (y muy publicitada) que olvidó su tremenda responsabilidad social y por tanto merece el equivalente castigo.

Todo lo contrario, la DNB responde con su nombramiento una vez más como mentor del elenco nacional para un partido que, más allá del resultado deportivo, tendrá una importante carga simbólica. Pareciera un premio a una actitud desde todo punto de vista reprochable que, por cierto, nadie se ha encargado de condenar a través de ningún medio nacional de la radio, la televisión o la prensa escrita.

Y es que existen al parecer dos imágenes totalmente distintas de Víctor Mesa: la que tiene un público al que llamaremos convencional, que consume solo los medios de prensa tradicionales y que es aséptica, todavía forjada por la leyenda que fue como pelotero; y la que se han podido formar quienes acceden asiduamente a los medios digitales, donde se habla sin medias tintas de los frecuentes desmanes protagonizados por el mentor de los Cocodrilos.

Porque eso sí, en la historia de quien ha dicho de sí mismo: “el show soy yo”, abundan los matices. Además de que tiene mucha razón al exigir seguridad para él y para su familia, Víctor Mesa es definitivamente un gran hombre de béisbol, un entrenador consumado que tiene el raro talento de convertir a sus equipos en máquinas de ganar juegos, que rescató del olvido a la tierra donde nació la pelota cubana y transformó a un conjunto sotanero como Matanzas en el mejor del país durante el último lustro.

Pero para alcanzar en calidad de mentor la gloria que ya tuvo como uno de los mejores jugadores de la historia del béisbol cubano, Víctor necesita mucho más que resultados deportivos. No basta con acumular más de 20 jugadores forasteros en la actual nómina de los Cocodrilos, casi un equipo Cuba, para intentar ganar su primer título como piloto; no es suficiente con disponer de recursos que no maneja ningún otro manager en el país y resolver algunas de las múltiples carencias materiales que sufren los atletas.

Obviamente, tampoco ayuda su intención de sostener una guerra sin cuartel en frentes tan diversos como el periodístico, el arbitral e, incluso, con los propios peloteros, llamando “cobarde” a uno de sus lanzadores que tuvo un mal día, o calificando de “equipos perdedores” a conjuntos orientales de los que ha tomado como refuerzos a atletas de grandes condiciones, muchas veces devueltos a sus provincias gravemente lesionados o afectados psicológicamente.

En su abultada colección, se incluyen insólitas expulsiones en medio de la discusión de las reglas del juego, salivazos a los pies de árbitros y arranques de furia luego de una derrota que le han llevado, incluso, a dejar plantadas a autoridades políticas de máximo nivel que solo pretendían saludarle.

Con semejante acumulación de despropósitos, a no pocos intriga el hecho de que las máximas autoridades de la pelota cubana hayan preferido mirar hacia otro lado cada vez que Víctor reincide. Por eso, además de rozar el escándalo, su reciente nombramiento está revestido de cierta coherencia, más allá de que se produzca apenas dos semanas después de su agresión a dos jóvenes pinareños. En una escueta nota, que llegó con ocho días de retraso, la DNB dijo haber valorado “que su condición de exatleta excepcional y la vasta experiencia que acumula como director le ponen en condiciones de contribuir al propósito de satisfacer las expectativas de la afición en un partido cargado de alto simbolismo.”

Asimismo, el comunicado reiteró el compromiso del equipo al que dirigirá Víctor Mesa de “representar dignamente a millones de cubanos”. Seguramente, no estaría de más preguntarnos qué piensan dos familias pinareñas al respecto.

Béisbol cubano: Tunero Rubén Paz apunta a Novato del Año


El jardinero central tunero Rubén Paz, quinto entre los primeros bateadores de la temporada, es el favorito de Esquina Caliente 26 para conseguir el premio / Foto: Ángel Luis Batista

El jardinero central tunero Rubén Paz, quinto entre los primeros bateadores de la temporada, es el favorito de Esquina Caliente para conseguir el premio de Novato del Año / Foto: Ángel Luis Batista

Desde que en 1981 -ya en plena era del aluminio- el capitalino Rolando Verde debutara con astronómico promedio de 360, ningún novato había conseguido acercarse a semejante cifra.

Han sido necesarios 35 años para que otro pelotero explore un territorio vedado a cientos y cientos de jugadores. No pudieron conseguirlo hombres que luego se convirtieron en superestrellas de la pelota cubana, ni otros que en la actualidad pasean su calidad por los mejores circuitos beisboleros del mundo.

La longeva marca acaba de saltar por los aires y el responsable de hacerla añicos es Rubén Rolando Paz Llovet. El bayamés de apenas 20 años vino a Las Tunas en busca de oportunidades y enfundado en la camiseta verdirroja se ha convertido en el principal favorito para conseguir la distinción de Novato del Año, después de fijar la nueva cota de promedio ofensivo en 361.

Crecer paso a paso

Con el elenco de “Jesús Menéndez” comenzó su aventura. La Serie Provincial fue el primer peldaño de una escalera que se empinó cada vez más, a medida que crecía el nivel de los lanzadores contrarios y se elevaban las expectativas creadas entre aficionados y especialistas.

Su excelente actuación en el II Campeonato Nacional para menores de 23 años le catapultó hasta el primer equipo de la provincia, si bien debió vencer antes el exigente filtro impuesto por quienes dudaban de su investidura como Leñador. Mientras algunos ponían en entredicho la fortaleza de su brazo, otros, quizás por su condición de “forastero”, sencillamente se inclinaban por abrirle paso al talento puramente local.

Lo cierto es que, visto lo visto, el colectivo técnico de Las Tunas tomó la mejor de las decisiones cuando le incluyó en la nómina de 32 hombres con la que inició en septiembre la 55 Serie Nacional.

Del banco a la titularidad

Como todo recién llegado, Rubén Paz debió contentarse con su rol de actor de reparto. Armado de paciencia, esperó su momento y, cuando llegó, se aferró a él como si no hubiera mañana. Fue la tarde del 25 de septiembre de 2015, con los Cocodrilos de Matanzas de visita en el “Mella”.

Ante el internacional Yoanis Yera, primero, y luego frente a lanzadores de probada calidad como Yosvani Pérez y Adrián Sosa, Paz tuvo su primera titularidad. Ermidelio Urrutia, uno de los que siempre apostó por él, lo ubicó primero en la tanda, defendiendo el jardín central, y el novato le respondió con cuatro cohetes en cinco turnos, incluyendo par de dobles y otras tantas carreras impulsadas.

Su debut fue una suerte de explosión y dos días después destrozó al pitcheo de Villa Clara (4-3, doble, una remolcada), antes de conectar en el estadio Batalla de Palo Seco, de Jobabo, su primer jonrón en Series Nacionales. En sus tres partidos iniciales como regular, produjo de 13-9 y bateó para un increíble promedio de 692, con cuatro extrabases y tres impulsadas.

Coincidiendo con su entrada en el line up, los Leñadores iniciaron una fase ganadora que terminaría por ser decisiva en sus aspiraciones de regresar a la élite del béisbol nacional. La racha incluyó ocho triunfos en los próximos 10 juegos y luego 13 de 18, hasta permitirle al piloto tunero alcanzar una velocidad crucero que llevaría a su nave a estar nuevamente entre las ocho más rápidas de la pelota cubana.

Con todo, en los corrillos de técnicos y periodistas se veía aún la incursión de Paz como algo exótico y, por tanto, probablemente pasajero. Y cuando su rendimiento comenzó a mermar hacia el final de la primera fase, muchos creyeron ver cercano el fin del cuento de hadas. A pesar de eso, sus números en los primeros 45 juegos fueron excepcionales: 345 de average ofensivo y ningún error a la defensa de los tres jardines, rendimiento suficiente para que fuera incluido en el Juego de las Estrellas.

Conseguida la ansiada clasificación, en buena medida gracias a su aporte, la próxima prueba sería verle enfrentar a un pitcheo de mayor calidad, contra staffs reforzados y en medio de una temporada accidentada por constantes recesos que aumentaban la exigencia física.

Aunque su defensa se resintió un poco, sobre todo por errores tácticos propios de un debutante, a la ofensiva Rubén Paz demostró que su puesta en escena está muy lejos de la ficción. Completó la segunda etapa de la temporada con el más alto promedio del equipo (373) y dejó números globales sencillamente asombrosos: 361 de average, quinto mejor de todo el Campeonato, 411 de promedio de embasado y un elevado slugging de 476 para su condición de primer bate.

Los otros aspirantes

Durante varios meses, su principal rival al premio de Novato del Año fue el también tunero Diego Granados, un lanzador que completó el tramo inicial con balance de 4-0, efectividad de 1,98 y un relevo inolvidable ante los Gallos de Sancti Spíritus que tuvo mucho que ver con que se lograra el boleto clasificatorio. Sin embargo, la precaria situación del bullpen tunero lo convirtió en opción demasiado habitual y su rendimiento no tardó en resentirse, hasta el punto de sacarle de la carrera por ser el mejor debutante del país.

Algo parecido le sucedió al habanero Yoel David Paula, quien a pesar de disminuir sus prestaciones hacia el final exhibe foja de 6-2 y 3,19 de promedio de carreras limpias (PCL). El pinareño Yoandy Cruz, por su parte, posee números igualmente llamativos: siete victorias en nueve decisiones, PCL de 3,41 y dos lechadas a su haber, aunque su WHIP de 1,43 es un poco elevado.

Finalmente, el también capitalino Ariel Hechevarría, tercera base de los Piratas de Isla de la Juventud, completa el cuarteto de principales aspirantes. El talentoso jugador fue campeón sub-23 con La Habana y ha conectado 11 jonrones en su primera Serie Nacional. Además, pesan mucho sus 53 impulsadas y las 16 veces que remolcó el empate o la ventaja para su equipo. En su contra, los 75 ponches que le convierten en líder de ese negativo departamento y una desastrosa defensa en la antesala que le ha llevado a cometer 25 errores y promediar solo 889.

A la espera de las veleidades de un proceso de selección que nunca ha sido especialmente transparente, Rubén Paz es sin dudas el mejor posicionado para el premio de Novato del Año. De conseguirlo, se convertiría en el tercer jugador de Las Tunas que lo logra, después de Norlin Concepción (1999) y Carlos Juan Viera (2012).

Con el peligro latente de que los Alazanes de Granma intenten reclamar sus servicios para la próxima temporada, las autoridades del deporte tunero deben agotar todas las vías para retenerlo. A fin de cuentas, al ritmo endiablado de Paz podrían ganarse aún numerosas guerras.

Novatos

Béisbol cubano: Táctica y estrategia


las_tunas_vs_isla_juventud_0026(2)En 1948, los Indios de Cleveland asombraron al mundo del béisbol, luego de  colocar a tres jugadores entre la inicial y la intermedia para defender ante el poderoso bateador zurdo Ted Williams, quien promedió 344 en 19 temporadas y ganó dos veces la triple corona con los Medias Rojas de Boston.

El hoy miembro del Salón de la Fama de las Grandes Ligas, autor de 521 jonrones y 17 veces elegido al Juego de las Estrellas, no solo continuó pegándole con fuerza a la bola hacia la parte derecha del terreno, sino que esgrimió un argumento inapelable: “la cantidad de defensores es irrelevante si yo consigo batear un jonrón”.

Pero la solución aportada por los Indios no quedó en la anécdota. En realidad, la iniciativa de la “tribu” abrió nuevos horizontes a un deporte que hasta aquel momento había estado marcado casi exclusivamente por el talento de sus practicantes.

Las soluciones tácticas a las múltiples complejidades del béisbol lo han enriquecido desde entonces, hasta el punto de que no pocos autores las consideran como la esencia misma de esta disciplina. Sin embargo, y de acuerdo con el Dr. Eduardo Martín Saura, “en Cuba la pelota se distingue por el empleo de la fuerza a la ofensiva y el poco uso de la rapidez en combinaciones tácticas entre el bateador y los corredores, jugadas ofensivas y defensivas sustentadas en esquemas tácticos tradicionales, entre otras características.”

Al margen de aseveraciones científicamente sustentadas, el aficionado medio puede llegar a similares conclusiones con la simple observación de los partidos que animan la Serie Nacional. El deficiente corrido de las bases, el abuso del toque de bola, la ausencia de buenos robadores y un muy discutible manejo de los lanzadores son algunos de los lastres que han terminado por sumir al campeonato nacional en su etapa más gris. Y surge entonces una molesta interrogante: después de siglo y medio de práctica, ¿jugamos bien al béisbol en Cuba?

Evolucionar para ganar

En los últimos años, la televisión cubana ha mostrado al menos en dos ocasiones la exitosa película Moneyball. Protagonizada por el icónico Brad Pitt, la cinta cuenta la historia de Billy Beane, mánager general de los Atléticos de Oakland, quien revolucionó el béisbol de Grandes Ligas aplicando la teoría de Bill James en torno al uso en el deporte de materias como la matemática, la estadística e, incluso, la economía.

Bajo esos presupuestos, los modestos Atléticos consiguieron durante varios años ser competitivos ante equipos de mayor poderío económico; y aunque no alcanzaron el sueño de coronarse, al menos cumplieron el objetivo de cambiar radicalmente la manera de entender el juego.

Hoy, todos los equipos de las Grandes Ligas recurren a los números y a la tecnología para potenciar sus posibilidades de éxito. Al respecto, James asegura que “en el mundo del béisbol hay dos montañas de material, en una mano tenemos la tradición, cosas que se han dicho durante años y años. En la otra mano tenemos una enorme cantidad de números. Los estadísticos tienen un objetivo, saber cómo SON las estadísticas. A mí eso no me interesa, yo lo que quiero es saber qué SIGNIFICAN las estadísticas.”

De manera que la visión interpretativa del béisbol es la que rige hoy el accionar en las ligas más fuertes del mundo. Y al mismo tiempo, esta dicotomía hace las veces de espejo de la pelota nacional actual: por un lado, aún en mayoría, los tradicionalistas que aplican conceptos anticuados y se resisten al cambio y a la experimentación basada en la tecnología; y de otro, una minoría que ha comenzado a asociar su juego con tendencias modernas como la sabermetría, que intenta hacer un béisbol más cercano a los tiempos que vivimos.

Leña al fuego

Y ahora, volvamos a la pregunta de marras: ¿jugamos bien al béisbol? Y añadamos otra, aun más polémica: ¿en qué cara de la moneda situamos a Las Tunas?

Las respuestas se antojan sencillas, aunque en materia de nuestro deporte nacional nada parece serlo. Hace solo unas semanas, cierto periodista de una publicación nacional aseguró en las pantallas de Tele Rebelde que “el problema de Las Tunas es que no sabe jugar bien al béisbol”. La aseveración, por descarnada, provocó una ola de rechazo entre muchas personas cercanas al equipo tunero que participa en la 55 Serie. En realidad, se profirieron ofensas de todo tipo hacia un colega que, más allá de ciertos matices y absolutismos, expresó un criterio como mínimo respetable.

Porque solo tres días después, los Leñadores viajaron hasta Pinar del Río y mostraron ante las cámaras de la televisión cuántas fisuras tiene aún su juego táctico. En aquella ocasión fue sobre todo el corrido de las bases, aunque antes había sido la discutible utilización del pitcheo y esta semana, frente a los Piratas de Isla de Juventud, nuevamente por la pequeña pantalla y con todo el país como testigo, el equipo sufrió un apagón técnico-táctico imposible de obviar.

De modo que no hay problemas en reconocerlo: no se juega un buen béisbol en Cuba, al menos no el que deberíamos practicar luego de tantas décadas de historia; y, claro, no lo hacemos bien en Las Tunas, una de la provincias que se ha quedado detrás en la incorporación de aspectos como la sabermetría, por citar un ejemplo.

Y no se trata de desatar una nueva cacería de brujas, ni buscar culpables de culpas menores, sino de ir a la esencia misma del problema: necesitamos establecer finalmente una estrategia común a todas las categorías de la pelota tunera, en la cual se potencie el trabajo técnico desde la perspectiva de la táctica como conglomerado que agrupa no solo a las diversas respuestas de jugadores y técnicos ante cada acción de juego, sino también a todo tipo de tendencias actuales en cuanto a sistemas de entrenamiento, preparación psico-pedagógica del atleta y uso adecuado de los avances sabermétricos y, en un sentido más amplio, tecnológicos.

Sacar al béisbol cubano del siglo XX y subirlo al tren de la modernidad es una tarea impostergable. Mientras más temprano lo entiendan quienes todavía hacen resistencia al cambio, más rápido comenzarán a verse los resultados en un contexto que apunta al intercambio cada vez más habitual con los principales centros de poder del béisbol mundial.

A fin de cuentas, el gran Ted Williams no entendió nunca esta necesidad y, si bien su espectacular carrera lo ubica hoy entre los 10 más grandes bateadores de todos los tiempos, lo cierto es que a nivel colectivo jamás pudo ganar una Serie Mundial. De hecho, los Medias Rojas se habían coronado por última vez en 1918 y no fue hasta el 2004 que volvieron a reinar. Curiosamente, lo consiguieron luego de contratar a Bill James como asesor y apegarse por completo a sus concepciones modernas de ver y jugar al béisbol.