Béisbol cubano: Tunero Rubén Paz apunta a Novato del Año


El jardinero central tunero Rubén Paz, quinto entre los primeros bateadores de la temporada, es el favorito de Esquina Caliente 26 para conseguir el premio / Foto: Ángel Luis Batista

El jardinero central tunero Rubén Paz, quinto entre los primeros bateadores de la temporada, es el favorito de Esquina Caliente para conseguir el premio de Novato del Año / Foto: Ángel Luis Batista

Desde que en 1981 -ya en plena era del aluminio- el capitalino Rolando Verde debutara con astronómico promedio de 360, ningún novato había conseguido acercarse a semejante cifra.

Han sido necesarios 35 años para que otro pelotero explore un territorio vedado a cientos y cientos de jugadores. No pudieron conseguirlo hombres que luego se convirtieron en superestrellas de la pelota cubana, ni otros que en la actualidad pasean su calidad por los mejores circuitos beisboleros del mundo.

La longeva marca acaba de saltar por los aires y el responsable de hacerla añicos es Rubén Rolando Paz Llovet. El bayamés de apenas 20 años vino a Las Tunas en busca de oportunidades y enfundado en la camiseta verdirroja se ha convertido en el principal favorito para conseguir la distinción de Novato del Año, después de fijar la nueva cota de promedio ofensivo en 361.

Crecer paso a paso

Con el elenco de “Jesús Menéndez” comenzó su aventura. La Serie Provincial fue el primer peldaño de una escalera que se empinó cada vez más, a medida que crecía el nivel de los lanzadores contrarios y se elevaban las expectativas creadas entre aficionados y especialistas.

Su excelente actuación en el II Campeonato Nacional para menores de 23 años le catapultó hasta el primer equipo de la provincia, si bien debió vencer antes el exigente filtro impuesto por quienes dudaban de su investidura como Leñador. Mientras algunos ponían en entredicho la fortaleza de su brazo, otros, quizás por su condición de “forastero”, sencillamente se inclinaban por abrirle paso al talento puramente local.

Lo cierto es que, visto lo visto, el colectivo técnico de Las Tunas tomó la mejor de las decisiones cuando le incluyó en la nómina de 32 hombres con la que inició en septiembre la 55 Serie Nacional.

Del banco a la titularidad

Como todo recién llegado, Rubén Paz debió contentarse con su rol de actor de reparto. Armado de paciencia, esperó su momento y, cuando llegó, se aferró a él como si no hubiera mañana. Fue la tarde del 25 de septiembre de 2015, con los Cocodrilos de Matanzas de visita en el “Mella”.

Ante el internacional Yoanis Yera, primero, y luego frente a lanzadores de probada calidad como Yosvani Pérez y Adrián Sosa, Paz tuvo su primera titularidad. Ermidelio Urrutia, uno de los que siempre apostó por él, lo ubicó primero en la tanda, defendiendo el jardín central, y el novato le respondió con cuatro cohetes en cinco turnos, incluyendo par de dobles y otras tantas carreras impulsadas.

Su debut fue una suerte de explosión y dos días después destrozó al pitcheo de Villa Clara (4-3, doble, una remolcada), antes de conectar en el estadio Batalla de Palo Seco, de Jobabo, su primer jonrón en Series Nacionales. En sus tres partidos iniciales como regular, produjo de 13-9 y bateó para un increíble promedio de 692, con cuatro extrabases y tres impulsadas.

Coincidiendo con su entrada en el line up, los Leñadores iniciaron una fase ganadora que terminaría por ser decisiva en sus aspiraciones de regresar a la élite del béisbol nacional. La racha incluyó ocho triunfos en los próximos 10 juegos y luego 13 de 18, hasta permitirle al piloto tunero alcanzar una velocidad crucero que llevaría a su nave a estar nuevamente entre las ocho más rápidas de la pelota cubana.

Con todo, en los corrillos de técnicos y periodistas se veía aún la incursión de Paz como algo exótico y, por tanto, probablemente pasajero. Y cuando su rendimiento comenzó a mermar hacia el final de la primera fase, muchos creyeron ver cercano el fin del cuento de hadas. A pesar de eso, sus números en los primeros 45 juegos fueron excepcionales: 345 de average ofensivo y ningún error a la defensa de los tres jardines, rendimiento suficiente para que fuera incluido en el Juego de las Estrellas.

Conseguida la ansiada clasificación, en buena medida gracias a su aporte, la próxima prueba sería verle enfrentar a un pitcheo de mayor calidad, contra staffs reforzados y en medio de una temporada accidentada por constantes recesos que aumentaban la exigencia física.

Aunque su defensa se resintió un poco, sobre todo por errores tácticos propios de un debutante, a la ofensiva Rubén Paz demostró que su puesta en escena está muy lejos de la ficción. Completó la segunda etapa de la temporada con el más alto promedio del equipo (373) y dejó números globales sencillamente asombrosos: 361 de average, quinto mejor de todo el Campeonato, 411 de promedio de embasado y un elevado slugging de 476 para su condición de primer bate.

Los otros aspirantes

Durante varios meses, su principal rival al premio de Novato del Año fue el también tunero Diego Granados, un lanzador que completó el tramo inicial con balance de 4-0, efectividad de 1,98 y un relevo inolvidable ante los Gallos de Sancti Spíritus que tuvo mucho que ver con que se lograra el boleto clasificatorio. Sin embargo, la precaria situación del bullpen tunero lo convirtió en opción demasiado habitual y su rendimiento no tardó en resentirse, hasta el punto de sacarle de la carrera por ser el mejor debutante del país.

Algo parecido le sucedió al habanero Yoel David Paula, quien a pesar de disminuir sus prestaciones hacia el final exhibe foja de 6-2 y 3,19 de promedio de carreras limpias (PCL). El pinareño Yoandy Cruz, por su parte, posee números igualmente llamativos: siete victorias en nueve decisiones, PCL de 3,41 y dos lechadas a su haber, aunque su WHIP de 1,43 es un poco elevado.

Finalmente, el también capitalino Ariel Hechevarría, tercera base de los Piratas de Isla de la Juventud, completa el cuarteto de principales aspirantes. El talentoso jugador fue campeón sub-23 con La Habana y ha conectado 11 jonrones en su primera Serie Nacional. Además, pesan mucho sus 53 impulsadas y las 16 veces que remolcó el empate o la ventaja para su equipo. En su contra, los 75 ponches que le convierten en líder de ese negativo departamento y una desastrosa defensa en la antesala que le ha llevado a cometer 25 errores y promediar solo 889.

A la espera de las veleidades de un proceso de selección que nunca ha sido especialmente transparente, Rubén Paz es sin dudas el mejor posicionado para el premio de Novato del Año. De conseguirlo, se convertiría en el tercer jugador de Las Tunas que lo logra, después de Norlin Concepción (1999) y Carlos Juan Viera (2012).

Con el peligro latente de que los Alazanes de Granma intenten reclamar sus servicios para la próxima temporada, las autoridades del deporte tunero deben agotar todas las vías para retenerlo. A fin de cuentas, al ritmo endiablado de Paz podrían ganarse aún numerosas guerras.

Novatos

Anuncios

Cuba-Puerto Rico: con susto y todo, la salsa sigue siendo cubana


Alfredo Despaigne conectó su primer cuadrangular del Premier 12. (Foto: Alex Castro)

Alfredo Despaigne conectó su primer cuadrangular del Premier 12. (Foto: Alex Castro)

Parecía que la eterna disputa musical no tenía sentido y que en el terreno del Intercontinental de Taichung Cuba pondría toda la salsa de un choque que ganaba 7×2 a la altura del noveno episodio, cuando Puerto Rico interrumpió el fin de fiesta y fabricó un racimo de cinco carreras para forzar el primer extrainning del Premier 12 de Béisbol.

Y aunque en la décima entrada, Regla Ibaf mediante, un fatal desliz de la defensa boricua propició la segunda victoria cubana, con pizarra de 8×7, lo cierto es que en cuestión de minutos todas las certezas amasadas desde el éxito del miércoles frente a Holanda, se convirtieron en dudas.

Y eso que, hasta sus postrimerías, fue un juego sin mayores exigencias, que Cuba estuvo ganando desde el propio inning de apertura. Con un doble al jardín derecho, Alexánder Malleta remolcó las dos primeras ante el abridor Randy Fontanez, primero de siete lanzadores utilizados por el mentor Edwin Rodríguez.

El diestro Freddy Asiel Álvarez no tuvo, sin embargo, una presentación hermética. En el tercer episodio los bateadores boricuas combinaron un boleto con un sacrificio y un texas de Richard Thon para descontar una; mientras que en el cuarto Aldo Méndez sacó la bola por el jardín central y puso el empate transitorio.

La respuesta fue inmediata y en la parte baja de ese inning Cuba retomó el mando. Malleta abrió con sencillo, Yosvany Alarcón conectó doble al centro del terreno y Stayler Hernández remolcó la ventaja con largo elevado de sacrificio, antes de que Yuniesky Gurriel impulsara una más con cohete al jardín central.

En el quinto, Alfredo Despaigne le sacó música al madero con su primer bambinazo del torneo. El resto fue cosa de Yuniesky, quien se aferró a la titularidad con otras dos carreras remolcadas, hasta completar tres y liderar una ofensiva cubana que acumuló 11 imparables. En el sexto inning, el mayor de los tres hermanos Gurriel (por primera vez juntos como titulares en el equipo Cuba) impulsó a Stayler con rodado por la intermedia, y en el octavo volvió a traer para la goma a su compañero en los Leones de Industriales, con doble al izquierdo.

Luego de 6,2 entradas, en las que permitió seis jits y dos limpias, Freddy Asiel cedió el montículo al zurdo Norberto González, quien apenas pudo sacar un out y, tras abrir con boleto el octavo capítulo, fue extraído inmediatamente del box.

Víctor Mesa llamó entonces al joven Yennier Cano y este, que al parecer dejó olvidada en la Mayor de las Antillas su recta de 95 millas por hora, no pudo cerrar la victoria. En el noveno acto, el avileño explotó tras permitir dos carreras, producto de tres cohetes consecutivos. El relevista de los Gigantes de Yomiuri, el derecho Héctor Mendoza, fue convocado para sofocar la rebelión rival y, luego de propinar un pelotazo, admitió enorme vuelacercas de Richard Thon que empató el juego.

A esas alturas, el Alto Mando cubano le había dado descanso a cuatro de sus titulares y las consecuencias habrían sido peores si Mendoza y el santiaguero Danny Betancourt no hubieran combinado esfuerzos para colgar un complicado cero en el principio del décimo.

Ya recuperados del impacto recibido en el noveno inning, los cubanos aprovecharon la polémica Regla Ibaf y el nerviosismo de los defensores puertorriqueños, para ganar en definitiva el choque con un rodado impulsor de Yasiel Santoya.

Vencido un obstáculo de los considerados menores en el torneo, la Selección Nacional tendrá día y medio para preparar el duelo del próximo sábado (hora de Cuba) ante el local Taipéi de China. La certeza de que sus dos teóricos cerradores andan con la pólvora mojada y las marcadas dificultades que han tenido todos sus abridores, ciernen otra vez un manto de dudas sobre la nave antillana. Volver a despejarlas tendrá que ser entonces su objetivo.

Cubano Yoenis Céspedes se va a los Medias Rojas de Boston


Lester, Gomes y Céspedes, protagonistas de uno de los cambios más llamativos de la temporada.

Lester, Gomes y Céspedes, protagonistas de uno de los cambios más llamativos de la temporada.

En una lectura simple, podría pensarse que el slugger cubano Yoenis Céspedes ha sido valorado lo suficiente como para ser cambiado por dos veteranos de calidad: el extraclase zurdo Jon Lester y el jardinero Jonny Gomes. Una interpretación más profunda deja al granmense, dos veces consecutivas ganador del Derby de Jonrones, fuera del mejor equipo del béisbol en la actualidad, los Atléticos de Oakland, y lo envía a las filas de los maltrechos Medias Rojas de Boston, vigentes campeones pero ocupantes del último puesto en el Este de la Liga Americana.

Céspedes, habitual en la parte gruesa de la alienación que ha construido el célebre Billy Beane, llegó a los Atléticos en el 2012 por cuatro años y 36 millones de dólares. Su condición de jugador cinco herramientas y su relativa juventud (26 años) se habían unido a una excelente actuación ofensiva en el II Clásico Mundial, hasta convertirle en un objetivo lo suficientemente apetecible como para obligar a Beane a hacer una excepción en su visionaria política de austeridad.

En su primer año, el cubano no defraudó, tras conectar 23 jonrones y empujar 82 carreras durante la temporada regular, además de promediar 316 e impulsar dos carreras en cinco juegos de la postemporada 2012. A pesar de largos periodos de inestabilidad y de bajar sensiblemente su rendimiento en algunos aspectos ofensivos, en el 2013 Céspedes acumuló 26 vuelacercas y remolcó 80 anotaciones, al tiempo que en los play off exhibía un excepcional promedio de 381, con doble, triple, jonrón y cuatro impulsadas en cinco partidos.

Este 2014, Yoenis accedió por primera vez al Juego de las Estrellas (en 2013 había sido invitado al Derby) en premio a su gran temporada con el conjunto líder del oeste de la Liga Americana y más ganador de toda la MLB, dueño de 66 triunfos hasta el miércoles. Céspedes volvió a ser espectacular en el desafío de jonroneros y, antes del cambio a los Medias Rojas, había conectado 17 jonrones y empujado 67 carreras.

Los Atléticos, que quieren poner fin a su reciente historia de fracasos en postemporadas, suman a Lester al diestro Jeff Samardzija, quien había llegado para reforzar  su ya poderoso staff de pitcheo. Lester, de 30 años, ha sido dominante en Grandes Ligas desde el 2006 y tuvo un aporte clave en los campeonatos de Boston del 2007 y 2013. El estelar lanzador zurdo exhibe marca de 3-0, con efectividad de 0.46 en la Serie Mundial.

Por su parte, Gomes juega ya su duodécima temporada y, en la presente, bateaba .232 con seis jonrones y 32 remolques en 78 juegos. Ha militado con cinco equipos, incluyendo a los propios Atléticos en el 2012.

 

Andrés Quiala: “Pinar fue una gran familia; ese es el reto para Las Tunas”


Andrés Quiala juega con Pinar del Río la final del béisbol cubano en el 2014Andrés Quiala se relaja ante la ausencia de grabadoras y por más de media hora la conversación fluye con naturalidad, despojada de los formalismos de una entrevista, aunque salpicada de pausas obligadas y continuas para que el flamante Campeón Nacional salude a la mucha gente que llega a felicitarlo. De pie en la acera, el muchacho que rompió la lógica migratoria de este país y dejó el barrio capitalino del Cerro para asentarse en Las Tunas cuenta una anécdota tras otra, mientras el periodista escucha con la avidez de quien pretende entender cómo se gesta el milagro de llevar a un equipo, de la indolencia total a la gloria, y todo en solo un año.

“Nosotros teníamos que ser campeones. Allá todo el mundo estaba volcado con el equipo, desde las autoridades del Partido y del Gobierno hasta la gente que iba al estadio. Fue algo increíble”, afirma Quiala, quien recuerda ahora el aprieto en el que se vio cuando la primera secretaria del Partido en la provincia le dio un emotivo abrazo, mezclada como una más con los cientos de personas que, sobre la grama del Capitán San Luis, celebraban la victoria ante Industriales.

El jardinero tunero llegó ya iniciada la segunda fase para sustituir al lesionado Denis Laza y terminó por ser clave en el objetivo de redondear a un elenco con casi todos los ingredientes para ser campeón. La mirada experta de los técnicos pinareños supo ver en él lo que tantos han obviado antes: es uno de los peloteros más completos y útiles de Las Tunas, poseedor de las herramientas necesarias para fildear y tirar bien desde cualquiera de los jardines, desempeñarse con igual solvencia como primero, segundo o noveno bateador y ser capaz de tocar la bola, conectar por detrás del corredor o pegar un doble con bases llenas como el que prácticamente dejó sin opciones a los Cocodrilos de Matanzas en el segundo choque de la final.

Pero, mientras habla con el acento capitalino que los años en el Balcón de Oriente no le han podido quitar, Quiala no parece todo eso. Más bien se asemeja a un joven cualquiera, aunque el respeto con el que lo distinguen las personas al felicitarlo denota que su título de monarca de Cuba le ha hecho crecer como atleta y como persona. Quizás se haya contagiado del halo de sencillez que rodea al mentor de los verdes, Alfonso Urquiola, un verdadero mago para el que solo tiene palabras de elogio: “Mira, Urquiola apenas habla, incluso ni en los mítines. Él dice que todos saben lo que tienen que hacer y que los errores están en el juego, por lo que nunca comete el error de intentar motivar a los jugadores recordándoles las cosas malas que hicieron el día anterior.”

Mientras intenta aún asimilar todo lo vivido, Andrés se alista para retornar en breve a los terrenos, ahora como uno de los pilares en el nuevo proyecto de equipo que acaba de asumir Ermidelio Urrutia. “Lo que más me impresionó de Pinar del Río es que son una gran familia y creo que eso es lo que tenemos que lograr aquí en Las Tunas. Ojalá toda esta experiencia me ayude a conseguirlo.”

¿Por qué ganan los equipos de Alfonso Urquiola?


Alfonso Urquiola dirige a los Vegueros de Pinar del Río, campeones del béisbol cubano en 2014Pareciera que Alfonso Urquiola tiene la fórmula secreta del éxito, más allá de las suspicacias que despierta su habitual rito del tabaco y la posible relación con poderes más elevados que el talento deportivo y los deseos de ganar.

Sin embargo, mientras se planta con total naturalidad ante las cámaras de la televisión nacional, el flamante manager campeón luce como el hombre esencialmente simple que es. Su discurso, sembrado aquí y allá de unas muletillas que lo otorgan aun más autenticidad, se mueve siempre entre la modestia, el respeto al rival y la cariñosa imparcialidad hacia los suyos, solo cultivada y comprendida a fondo por los padres que deben repartir su amor entre muchos hijos.

Urquiola es un líder auténtico y sus hombres se encargan de demostrarlo dentro del campo. “Ganamos porque tenemos un gran director y un gran equipo”, aseguró en ese orden exacto Dónal Duarte, el segundo al mando del elenco y voz prima dentro del grupo de jugadores.

El antesalista y capitán de los Vegueros devela de esta manera las claves del triunfo de Pinar, un conjunto que suma a su indudable calidad individual y colectiva un estado de euforia y determinación en momentos decisivos cuya receta, al parecer, solo sabe cocinar Urquiola. La admiración y el respeto son palabras de orden dentro de un equipo que se transforma bajo la sabia conducción de Alfonso, el otrora estelar camarero, capaz de acumular suficientes méritos en el campo de batalla como para exigir que sus jugadores intenten cada día hacer lo mismo.

El poder del mentor vueltabajero emana de una filosofía que tiene como pilares la sencillez a la hora de conducir el juego y el sentido común en la toma de decisiones, alejada del bullicio, la alharaca gratuita y las poses que marcan el accionar de otros pilotos, muchos de ellos incapaces de asumir que sus días como protagonistas han terminado y las luces las merecen ahora quienes sudan, sufren y triunfan dentro del terreno.

Tres años después de coronar campeón a un equipo desnortado, Alfonso Urquiola ha ejercido otra vez de Mesías en el décimo título de la provincia más occidental de Cuba. Quizás, el único reto sea ahora el de demostrar que puede obrar su magia un año más, aunque algunos creen que volverá a guardar su vara y su libro de hechizos, para regresar otro año cualquiera a demostrar cómo se ganan campeonatos.

¡Siá cará… Pinar del Río está en la final!


industriales-pinar-celebra-

Foto: Ladyrene Pérez

Sexto inning del sexto juego Pinar del Río-Industriales; lucha sin cuartel por avanzar a la final del béisbol cubano. Yosvany Peraza acaba de batear para doble play, pero la carrera del empate anda por tercera base y William Saavedra está en la caja de bateo. Momento decisivo del choque, expectación total en el repleto Capitán San Luis, tiempo detenido en todo el extremo occidental de Cuba y entonces, justo en el clímax de esa gran puesta en escena que es la pelota nacional, una imagen sorprendente por las pantallas de Tele Rebelde: dentro de la cueva de Pinar, el mánager Alfonso Urquiola fuma tranquilamente un puro, lo saborea con el deleite propio de quien tiene el privilegio de hacerlo allí, en la tierra del mejor tabaco del mundo. Aspira Alfonso el humo inconfundible de Vuelta Abajo y piensa que pocas cosas quedan ya tan placenteras, solo un segundo antes de comprobar la magnitud de su error: con la misma parsimoniosa calma que lo distingue, levanta la vista y mira a lo profundo del jardín izquierdo, donde se pierde ya una diminuta esfera blanca en la noche ahora llena de ruidos eufóricos. Del bate de Saavedra ha salido un misil que impacta en pleno corazón de los Industriales, un jonrón cuyo destino será cambiar la historia del juego, de un play off que finalmente ganarán y quién sabe si de todo el campeonato.

Después de tres derrotas consecutivas que les han dejado medio noqueados y tras sobrevivir al último round del parque Latinoamericano, los pinareños le han dado la vuelta al marcador y ganan 2×1 este partido de vida o muerte. Un doblete del hasta ahora anulado Lorenzo Quintana y un sencillo del refuerzo tunero Andrés Quiala se combinan para producir la tercera de la entrada, mientras en las gradas la gente celebra con sus manos extendidas al cielo, polisémico gesto que bien podría dar las gracias a quien sea que esté allá, muy alto sobre sus cabezas. Los más descreídos harán notar que el racimo se ha producido exactamente después de la salida de Frank Monthiet, el diestro capitalino que propinó ocho ponches en apenas cinco entradas; aunque para muchos criollos bien enterados, de esos que asumen sin complejos su parte de congo o de carabalí, el destape ofensivo local podría tener mucho que ver con el tabaco de Urquiola, con ese humo que desde tiempos inmemoriales los cubanos han ofrecido a Elegguá, dueño absoluto de los caminos y del destino, poderoso dios que cierra o abre el astral para la felicidad o la infelicidad de los seres humanos.

Y al parecer no andan muy descaminados, pues solo una entrada después se han desatado los elementos y sigue creciendo el tsunami: otras tres carreras ante una hemorragia de lanzadores azules, todos impotentes frente al ataque de la batería local. Para cuando la tormenta comienza a amainar, la pizarra muestra una ventaja de 6×1 que parece irreversible, aunque la casta del rival exige estar atentos hasta el final. Por eso, ante la amenaza de unos Leones que han llenado las bases en la parte alta del séptimo episodio, irrumpe en la escena, como por casualidad, un perro de sospechoso pelaje negro que nadie se atreve a tocar: árbitros y peloteros lo miran desde una distancia segura y recaban la ayuda de un trabajador de mantenimiento para salvar la situación, mientras el público sigue metiendo presión y los astros terminan de alinearse para que un manso rodado de Frank Camilo Morejón ponga fin a la intentona visitante. Los más pragmáticos esgrimirán con toda razón que ver fallar al máscara azul es tan común que aburre, pero no faltará quien llame la atención sobre el fino hilo de humo, perfumado y azul, que sale discretamente del dogout anfitrión…

El choque finaliza con inevitable victoria pinareña que demanda un encontronazo decisivo, y la polémica imagen de Alfonso Urquiola, fumando en medio del juego, sobrepasa la categoría de simple anécdota para convertirse en una estampa con múltiples lecturas. Algunos – los más puristas- habrán saltado de sus asientos, aludiendo a la paradoja de un mentor y su vicio, incompatible con un ambiente tan aséptico como el que supuestamente debe reinar dentro de un escenario deportivo; otros, los más apegados al folclor, le encontrarán cierta coherencia al momento, pues a fin de cuentas Vuelta Abajo se vende al mundo como la tierra milagrosa del excepcional Habano y está bien que, al menos por esta vez, sea un cubano quien lo disfrute. Como sea,  no son menos en todo caso quienes creen entender la verdadera esencia de todo esto: los poderes superiores que rigen el destino de los mortales han tomado partido por el bando verde y la suerte, definitivamente, está echada.

Un día después es sábado y anochece rápidamente sobre la ciudad de Pinar del Río, cuando otra vez la realidad del terreno viene a darles la razón a los de imaginación más fértil, pues la escena se repite en el encuentro que define el vencedor de este verdadero choque de titanes. Solo que esta vez el guion tiene una ligera variación: son los locales quienes mandan por la mínima y los capitalinos los que amenazan con igualar en la apertura de la séptima entrada. El siempre sonriente Lisbán Correa ha abierto el inning con cohete al izquierdo y, tras sustituir al abridor Erlis Casanova por el relevista avileño Osmar Carrero, Alfonso Urquiola regresa lentamente a su puesto de mando, donde las curiosas cámaras de la TV lo sorprenden otra vez, tabaco en mano. A estas alturas, puede que incluso tenga razón quien se escandalice por un acto que ciertamente no tiene nada que ver con el deporte; sin embargo, el buen aficionado pinareño y puede que hasta algún desconsolado seguidor azul, coincidirán en que solo el poder insospechado del conjuro vueltabajero es capaz de nublar el raciocinio de Lázaro Vargas, el peculiar mánager que opta por no tocar la bola con Rudy Reyes y que, solo unos minutos después, habrá lamentado inúltimente su decisión, cuando el sencillo de Yoandri Urgellés que pudo igualar las acciones encuentra en primera base – y no en la intermedia, como debió ser- al menor de los hermanos Gourriel.

Antes del final, la tradicional garra de los Leones pondrá aún un poco de suspense. Los Gourriel (Yulieski y Lourdes)se las arreglan para embasarse sin outs y Vargas vuelve a demostrar cuán testarudo puede llegar a ser, dejando batear a un Rudy Reyes que sí responde esta vez, con imparable remolcador de la única anotación azul del juego. Luego del largo elevado de Yasmani Tomás, hay corredores en las esquinas y un Urgellés de tarde perfecta en turno, así que todo parece listo para la estocada final del equipo más ganador de la historia del béisbol cubano, cuando la imagen de un joven jugador pinareño reclama nuevamente la atención de todos: manos muy juntas delante del rostro, ojos al cielo y la fe del que pide en la mirada. En plena decisión del juego, lo real-maravilloso de una Isla tan pelotera como creyente y un inofensivo elevado de foul hacia la cueva verde, un importantísimo out sobre el peligroso Urgellés que factura el antesalista Donal Duarte, justo delante del atribulado muchacho que ahora da las gracias por haber sido escuchado.

Tras el último out y en medio de la alegría finalmente desatada, el mentor Urquiola elogiará al rival y a los suyos, rodeado de decenas de pinareños que han invadido el terreno, mientras comienza a pensar en la exigente batalla que se avecina. En la disputa por el título de Cuba le esperan los Cocodrilos de Víctor Mesa, un personaje rodeado de mil historias sincréticas, relativas a una protección mucho más poderosa que la del voluminoso moreno que le acompaña a todas partes. De hecho, hace casi un año, mientras enfrentaba a los Naranjas de Villa Clara por el título de la 52 Serie Nacional, trascendió que el también director de la Selección Nacional habría utilizado ciertas prácticas en el hotel Rivierita, de Santa Clara, como ritual protector del equipo de Matanzas ante la inminencia de la derrota. De acuerdo con las versiones que circulan por la Red, en aquella ocasión un fuerte aguacero impidió el quinto partido de la final, la tarde del 17 de junio de 2013, y de paso barrió con todos los “trabajos” preparados por los santeros de Víctor, quienes habrían sido mostrados en plena labor por un video casero mientras hacían sus ofrendas, lanzaban conjuros y “limpiaban con hierbas a los peloteros, vestidos algunos con sus camisetas beisboleras”.

De modo que la final de la 53 Serie podría estar jugándose ya en escenarios que nada tienen que ver con el béisbol; o, por el contrario, todo podría no pasar de ser mera ficción y el destino del duelo Matanzas-Pinar depender únicamente de la habilidad y la inteligencia de los protagonistas dentro del terreno. Pero, en cualquier caso, no parece descabellado esperar que Alfonso Urquiola, ese gran timonel que hace tres años condujo a la nave verde a la gloria, vuelva a disfrutar de vez en vez de un buen puro, mientras observa sin premuras el juego y elige el mejor momento para elevar sus ojos al cielo.