La estatura de Fidel


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Foto: Rey Betancourt (Tiempo 21)

Un cuarto de siglo ha transcurrido desde que Ermidelio Urrutia tuviera la noche más impresionante de su carrera deportiva. En el juego final del torneo beisbolero de los Juegos Panamericanos La Habana 1991, el jobabense bateó de 6-6 y conectó tres jonrones, para convertirse en el jugador más valioso del choque por el título ante Puerto Rico.

Sin embargo, más allá de que semejante proeza no ha sido aún igualada, lo verdaderamente especial fue el encuentro con Fidel, aquella breve conversación en la que Urrutia pudo comprender la estatura inmensa del líder revolucionario: “Cuando me fue a entregar la medalla, al parecer comprobando mi pequeña estatura, me dijo sonriendo: `¿Tú pensabas llenar esas gradas de pelotas? Yo pensaba que tú eras un gigante´. Luego me hizo bajar del podio hasta su lado y me puso la mano en el hombro, como para medirme. `¿De dónde saca tanta fuerza?´, le preguntó a Kindelán, y este le respondió: `Comandante, él saca la fuerza del corazón”.

Ermidelio asegura que en estos días tan difíciles ha comprendido mejor el significado de aquellas palabras: “Desde entonces he tratado de estar a la altura de ellas y ser un verdadero gigante, un gigante de ideas, de compromiso, de crecerme en los momentos difíciles, inspirado en la fidelidad a su ejemplo”.

El campeón olímpico de Barcelona 1992 afirma que “Fidel nos ha llevado a ser lo que somos y ahora nos toca ser mejores que antes. Por eso tiene tanta importancia la firma del concepto de Revolución, que es un acto de reafirmación y de compromiso con él y con Raúl. Creo que nosotros podemos hacer mucho más y a eso estamos llamados si queremos abarcar todo lo que abarcaba la voluntad de Fidel”.

Sus años como uno de los jardineros titulares del mejor equipo Cuba de todos los tiempos, le permitieron al tunero atesorar infinidad de momentos al lado del Comandante: “Lo recuerdo como alguien muy cercano. Uno iba con la duda de cómo comportarse y siempre era él quien rompía el hielo con una sonrisa, una jarana. Por eso, aunque han sido días muy duros y Fidel es una presencia que no se acaba, llevo la tristeza por dentro, porque a pesar de tantos momentos difíciles, la imagen que tengo de él es esa, la de su alegría y su jovialidad. Llevo mi tristeza en el corazón y será infinita, para siempre, pues los encuentros con él me enseñaron que no importa la estatura que tengamos: si tenemos un corazón gigante, es el corazón quien manda”.

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Béisbol cubano: Táctica y estrategia


las_tunas_vs_isla_juventud_0026(2)En 1948, los Indios de Cleveland asombraron al mundo del béisbol, luego de  colocar a tres jugadores entre la inicial y la intermedia para defender ante el poderoso bateador zurdo Ted Williams, quien promedió 344 en 19 temporadas y ganó dos veces la triple corona con los Medias Rojas de Boston.

El hoy miembro del Salón de la Fama de las Grandes Ligas, autor de 521 jonrones y 17 veces elegido al Juego de las Estrellas, no solo continuó pegándole con fuerza a la bola hacia la parte derecha del terreno, sino que esgrimió un argumento inapelable: “la cantidad de defensores es irrelevante si yo consigo batear un jonrón”.

Pero la solución aportada por los Indios no quedó en la anécdota. En realidad, la iniciativa de la “tribu” abrió nuevos horizontes a un deporte que hasta aquel momento había estado marcado casi exclusivamente por el talento de sus practicantes.

Las soluciones tácticas a las múltiples complejidades del béisbol lo han enriquecido desde entonces, hasta el punto de que no pocos autores las consideran como la esencia misma de esta disciplina. Sin embargo, y de acuerdo con el Dr. Eduardo Martín Saura, “en Cuba la pelota se distingue por el empleo de la fuerza a la ofensiva y el poco uso de la rapidez en combinaciones tácticas entre el bateador y los corredores, jugadas ofensivas y defensivas sustentadas en esquemas tácticos tradicionales, entre otras características.”

Al margen de aseveraciones científicamente sustentadas, el aficionado medio puede llegar a similares conclusiones con la simple observación de los partidos que animan la Serie Nacional. El deficiente corrido de las bases, el abuso del toque de bola, la ausencia de buenos robadores y un muy discutible manejo de los lanzadores son algunos de los lastres que han terminado por sumir al campeonato nacional en su etapa más gris. Y surge entonces una molesta interrogante: después de siglo y medio de práctica, ¿jugamos bien al béisbol en Cuba?

Evolucionar para ganar

En los últimos años, la televisión cubana ha mostrado al menos en dos ocasiones la exitosa película Moneyball. Protagonizada por el icónico Brad Pitt, la cinta cuenta la historia de Billy Beane, mánager general de los Atléticos de Oakland, quien revolucionó el béisbol de Grandes Ligas aplicando la teoría de Bill James en torno al uso en el deporte de materias como la matemática, la estadística e, incluso, la economía.

Bajo esos presupuestos, los modestos Atléticos consiguieron durante varios años ser competitivos ante equipos de mayor poderío económico; y aunque no alcanzaron el sueño de coronarse, al menos cumplieron el objetivo de cambiar radicalmente la manera de entender el juego.

Hoy, todos los equipos de las Grandes Ligas recurren a los números y a la tecnología para potenciar sus posibilidades de éxito. Al respecto, James asegura que “en el mundo del béisbol hay dos montañas de material, en una mano tenemos la tradición, cosas que se han dicho durante años y años. En la otra mano tenemos una enorme cantidad de números. Los estadísticos tienen un objetivo, saber cómo SON las estadísticas. A mí eso no me interesa, yo lo que quiero es saber qué SIGNIFICAN las estadísticas.”

De manera que la visión interpretativa del béisbol es la que rige hoy el accionar en las ligas más fuertes del mundo. Y al mismo tiempo, esta dicotomía hace las veces de espejo de la pelota nacional actual: por un lado, aún en mayoría, los tradicionalistas que aplican conceptos anticuados y se resisten al cambio y a la experimentación basada en la tecnología; y de otro, una minoría que ha comenzado a asociar su juego con tendencias modernas como la sabermetría, que intenta hacer un béisbol más cercano a los tiempos que vivimos.

Leña al fuego

Y ahora, volvamos a la pregunta de marras: ¿jugamos bien al béisbol? Y añadamos otra, aun más polémica: ¿en qué cara de la moneda situamos a Las Tunas?

Las respuestas se antojan sencillas, aunque en materia de nuestro deporte nacional nada parece serlo. Hace solo unas semanas, cierto periodista de una publicación nacional aseguró en las pantallas de Tele Rebelde que “el problema de Las Tunas es que no sabe jugar bien al béisbol”. La aseveración, por descarnada, provocó una ola de rechazo entre muchas personas cercanas al equipo tunero que participa en la 55 Serie. En realidad, se profirieron ofensas de todo tipo hacia un colega que, más allá de ciertos matices y absolutismos, expresó un criterio como mínimo respetable.

Porque solo tres días después, los Leñadores viajaron hasta Pinar del Río y mostraron ante las cámaras de la televisión cuántas fisuras tiene aún su juego táctico. En aquella ocasión fue sobre todo el corrido de las bases, aunque antes había sido la discutible utilización del pitcheo y esta semana, frente a los Piratas de Isla de Juventud, nuevamente por la pequeña pantalla y con todo el país como testigo, el equipo sufrió un apagón técnico-táctico imposible de obviar.

De modo que no hay problemas en reconocerlo: no se juega un buen béisbol en Cuba, al menos no el que deberíamos practicar luego de tantas décadas de historia; y, claro, no lo hacemos bien en Las Tunas, una de la provincias que se ha quedado detrás en la incorporación de aspectos como la sabermetría, por citar un ejemplo.

Y no se trata de desatar una nueva cacería de brujas, ni buscar culpables de culpas menores, sino de ir a la esencia misma del problema: necesitamos establecer finalmente una estrategia común a todas las categorías de la pelota tunera, en la cual se potencie el trabajo técnico desde la perspectiva de la táctica como conglomerado que agrupa no solo a las diversas respuestas de jugadores y técnicos ante cada acción de juego, sino también a todo tipo de tendencias actuales en cuanto a sistemas de entrenamiento, preparación psico-pedagógica del atleta y uso adecuado de los avances sabermétricos y, en un sentido más amplio, tecnológicos.

Sacar al béisbol cubano del siglo XX y subirlo al tren de la modernidad es una tarea impostergable. Mientras más temprano lo entiendan quienes todavía hacen resistencia al cambio, más rápido comenzarán a verse los resultados en un contexto que apunta al intercambio cada vez más habitual con los principales centros de poder del béisbol mundial.

A fin de cuentas, el gran Ted Williams no entendió nunca esta necesidad y, si bien su espectacular carrera lo ubica hoy entre los 10 más grandes bateadores de todos los tiempos, lo cierto es que a nivel colectivo jamás pudo ganar una Serie Mundial. De hecho, los Medias Rojas se habían coronado por última vez en 1918 y no fue hasta el 2004 que volvieron a reinar. Curiosamente, lo consiguieron luego de contratar a Bill James como asesor y apegarse por completo a sus concepciones modernas de ver y jugar al béisbol.