Pestano, Valdés, Alarcón… el círculo infernal de Víctor Mesa (+vídeo)


Ariel Pestano, Luis Alberto Valdés, Yosvani Alarcón… El vía crucis de Víctor Mesa y sus Cocodrilos hacia un título nacional tiene sus propios demonios: tres hombres y sus jonrones estratosféricos, tres instantes inolvidables e igual número de dolorosos reveses (acaso injustos) para la tierra en la que obtuvo su inscripción de nacimiento el béisbol cubano.

Todo comenzó con el fatídico número 13 de Pestano, el 18 de junio de 2013, durante el quinto juego del play off final entre Villa Clara y Matanzas. En el sexto inning del choque, el considerado por muchos mejor receptor de la historia de la pelota cubana pegó un jonrón con bases llenas que dejó sin opciones a los de la Atenas de Cuba.

Su celebración, con dedicatoria incluida hacia la cueva de los Cocodrilos, estuvo marcada por una arbitraria marginación de la Selección Nacional y por su largo historial de enfrentamientos con Víctor, en la etapa de este como mentor villaclareño. El batazo tuvo cierto toque de “justicia divina” y puso fin a una sequía de títulos naranjas que se extendió por 18 años.

valdésEl segundo capítulo se escribió el 17 de abril de 2014. Su autor fue el torpedero Luis Alberto Valdés, quien igualmente encontró las almohadillas congestionadas y envió la bola más allá de los límites del terreno en el Victoria de Girón, para darle el tiro de gracia al elenco matancero. Fue en el sexto encuentro de la gran final, ganada 4-2 por las huestes de Alfonso Urquiola.

Y el círculo diabólico completó su tercera órbita alrededor de Víctor Mesa este 3 de abril, nuevamente con el Palacio de los Cocodrilos como escenario. En esta ocasión, el tunero Yosvani Alarcón fue el protagonista, solo unas semanas después de que el piloto del conjunto yumurino declinara incluirlo como refuerzo de su equipo.

El bambinazo de Alarcón, su número 20 de la temporada, no encontró corredores en circulación, pero fue suficiente para que los Vegueros de Pinar del Río avanzaran a su tercera final en seis años.

f0057359Tras el dramático desenlace, y luego de que este blog enjuiciara recientemente la reprobable conducta de Víctor Mesa, se han recibido aquí varios mensajes con un denominador común: aun cuando un alto por ciento de los cubanos preferiría no ver al manager de Matanzas levantar un título nacional, no pocos han expresado un sentimiento de compasión hacia ese hombre obsesionado con una meta que año tras año se le hace esquiva.

Porque si de las horas de desvelo y dedicación al juego dependiera, hace mucho tiempo que Víctor sería campeón de Cuba. Si solo bastara con su capacidad de rescatar del olvido al béisbol matancero y de premiar el esfuerzo casi sumiso de sus atletas, el polémico mentor habría ascendido ya a la cumbre de la Serie Nacional.

Pero, a todas luces, nada de eso es suficiente y la gloria yumurina tendrá que esperar. Quizás a que la fortuna cambie definitivamente de bando, a que sus peloteros sean los mejores sobre el terreno de una vez por todas, o a que los dioses a los que cada tanto apela Víctor, decidan romper finalmente el círculo infernal que lo aprisiona.

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