Baloncesto cubano: La afición es sagrada


Foto: Raúl del Pino Salfrán

Foto: Raúl del Pino Salfrán

Si el respeto a su gente no es la meta suprema, de nada valen los resultados deportivos de ningún equipo. La sentencia debería tenerla muy en cuenta el elenco tunero de baloncesto, protagonista de alentadoras actuaciones para ser debutante en la Liga Superior, pero que ha sumado al mismo tiempo demasiados episodios de indisciplina.

Porque si bien es cierto que los graderíos de la polideportiva Leonardo McKenzie Grant no han acogido a muchos seguidores en cada presentación de su quinteto, la verdad es que los aficionados más fieles merecen un espectáculo que respete la esencia de lo que en Cuba concebimos como deporte.

Sucede que en más de una ocasión jugadores locales han debido ser expulsados por inconcebibles altercados con los árbitros, e incluso se ha llegado al increíble extremo de que alguno de ellos haya abandonado el juego por voluntad propia, desacreditando las decisiones de su entrenador delante de todos.

Lo que comenzó como un viejo sueño hecho realidad, como una oportunidad quizás irrepetible de darle un impulso al deporte de las canastas en Las Tunas, ha degenerado en una pesadilla tras otra, sufrida en primer lugar por los numerosos familiares que asisten a presenciar la primera incursión de los suyos en el máximo nivel del baloncesto nacional.

Y no se trata únicamente de los atletas llegados de otras provincias, carentes en algunos casos del compromiso y el sentido de pertenencia necesarios, sino que en estos lamentables episodios se han visto implicados más de una vez jugadores locales con la misión de ser líderes del equipo.

Por supuesto, la responsabilidad debe ser compartida por el colectivo técnico, en la misma medida en que no ha sido capaz de tomar las riendas del grupo. Su inexperiencia a este nivel no puede justificar en ningún sentido la falta de autoridad para encauzar el comportamiento de sus discípulos.

En el plano meramente deportivo, resulta lógico que el quinteto tunero ceda ante la gran mayoría de los equipos rivales, mejor preparados y con mayor calidad en sus filas. Sin embargo, no pocas veces se ha visto a Las Tunas dejar escapar un partido por desavenencias internas dentro de la cancha; o incluso alinear con la ausencia de hasta tres titulares por cuestiones disciplinarias, reduciendo a cero sus posibilidades competitivas.

A poco más de una semana de que concluya una etapa clasificatoria en la que casi con total seguridad los tuneros no serán últimos, las autoridades deportivas y la dirección del baloncesto local deberán enfrentar el reto de concebir el futuro de este deporte, unos planes en los que deben entrar únicamente aquellos que estén dispuestos a poner por delante de su ego, el respeto sagrado a la afición.

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