Amnesia


Pequeños detalles separaron dos escenarios totalmente distintos.

Pequeños detalles separaron dos escenarios totalmente distintos.

A la victoria de los Vegueros de Pinar del Río en la Serie del Caribe le ha seguido una interesante ola de acontecimientos: por un lado, de acuerdo con la televisora ESPN, los Medias Rojas de Boston estarían interesados en seguir los pasos de los Orioles de Baltimore y efectuar esta misma primavera un partido de exhibición en La Habana. Al mismo tiempo, el nuevo comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, acaba de reiterar que su oficina sigue con atención el nuevo escenario de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; y el Presidente de la Confederación del Caribe, Juan Francisco Puello, anunció en San Juan que viajará a la capital cubana en abril, con el objetivo de explorar las posibles contrataciones de peloteros antillanos por las ligas de la región.

Mientras, la 54 Serie Nacional continúa desde hoy, en medio del jolgorio que ha dejado una victoria de prestigio, la primera que se consigue en un torneo de primer nivel y absolutamente profesional. Sin embargo, al margen de esa alegría enorme, lo más peligroso ahora es la amnesia. Lo verdaderamente preocupante es esa funesta frase de “borrón y cuenta nueva”, pronunciada por quienes se disfrazan de veleta a la hora de emitir criterios. Lo fatal, en fin, sería caer en las mismas emboscadas que por décadas nos ha tendido el triunfalismo desmedido.

La delgada línea roja

Después de los tres reveses de Pinar del Río en la etapa clasificatoria de la Serie del Caribe, dos periodistas nacidos en Cuba que trabajan para ESPNdeportes.com firmaron sendos artículos en los que masacraban al béisbol de su tierra. “Cuba y Puerto Rico: Los débiles del Caribe” y “Poder de Cuba es historia antigua” fueron sus títulos. Y, aunque muchos pensamos inmediatamente en ellos cuando se concretó la victoria ante los Tomateros de Culiacán, no resultaría saludable obviar la cuota de razón que llevaban ambos.

Porque existió apenas una delgada línea entre la celebración del título y el desastre de regresar de San Juan sin victorias en cuatro salidas. Habría bastado que Héctor Mendoza no encontrara el centro del home en aquella octava entrada, cuando Puerto Rico amenazaba con las bases llenas; o que el dominicano Elián Herrera no hubiera dejado tendido a México con su largo batazo en la penúltima jornada.

Todo muy parecido al choque debut del I Clásico Mundial, cuando el panameño Rubén Rivera se negó a recibir un pelotazo que dejaba al campo a Cuba y que pudo haber cambiado por completo la historia. Finalmente, la Selección Nacional concluyó segunda con una actuación histórica y la fiesta fue tan apoteósica que la borrachera nos dura aún, cegados como hemos estado por una década a la evidente decadencia de nuestro béisbol.

Hace solo unos meses, causó una encendida polémica la clasificación de la Serie Nacional como un torneo de Clase A Avanzada. De acuerdo con parámetros como la calidad deportiva, infraestructura, captación y gestión del talento, entre otros, expertos del béisbol profesional estadounidense situaron a nuestro torneo doméstico muy abajo en la pirámide que está coronada por las Grandes Ligas, seguidas por los torneos Triple A (Ligas de México, República Dominicana y Venezuela) y Doble A (Liga Roberto Clemente, de Puerto Rico).

Matices más o menos, la realidad podría darles la razón: 16 equipos son muchos para concentrar la calidad y parece que no hay intenciones de variar esta situación hasta la edición 56 de la Serie; la tecnología de avanzada no está disponible por cuestiones económicas y la que poseemos se subutiliza; la sabermetría sigue siendo un juego de muchachos para muchos directivos y técnicos, todos de espaldas al hecho de que es hoy uno de los principales instrumentos para hacer campeón a un equipo en cualquier Liga del mundo. Además, la búsqueda de talento no es óptima y hoy se juega mucho menos béisbol en Cuba que durante los años más difíciles del Período Especial, por lo que es imposible contrarrestar la fuga constante de peloteros cada vez más jóvenes.

Increíblemente, el cubano es el único torneo élite del mundo en el que se hace necesario reglamentar un límite de lanzamientos, pues nuestros entrenadores y directores no interiorizan de una vez por todas que la especialización del pitcheo no es una moda, sino una necesidad y una enorme ventaja. Tanto es así, que a San Juan asistimos con solo nueve lanzadores, un detalle para nada menor que pone sobre la mesa un debate mucho más importante: ¿hasta qué punto están actualizados y conocen a fondo su trabajo quienes rigen hoy los destinos de la pelota nacional?

Por debajo del nivel

A su segunda cita caribeña, luego de cinco décadas de ausencia, Cuba envió un equipo Todos Estrellas de su liga, con el claro objetivo de ganar. En la trinchera contraria encontró siempre a elencos de calidad, pero muy lejos de poseer a los mejores exponentes de sus respectivos torneos nacionales. Sin ir más lejos, los Tomateros de Culiacán no incluyeron en su nómina al líder de los bateadores de la Liga Mexicana del Pacífico, el jugador de las Águilas de Mexicali, Gil Velázquez. Tampoco escogieron a los mejores en jonrones (Japhet Amador y Carlos Valencia), en impulsadas (Amador) o en anotadas (Leo Heras). Entre los lanzadores, dejaron fuera a los líderes en efectividad (Eddie Gamboa), ponches (Juan Oramas), salvamentos (Jonathan Arias) y en el importante indicador del WHIP (corredores embasados por entrada), dominado por el propio Gamboa.

El balance de tres victorias e igual número de reveses le alcanzó a Pinar del Río para regresar con el título, pero también para establecer un principio que no deberíamos olvidar: con una Selección Nacional bajo el rótulo de los Vegueros o de quien sea el futuro campeón, el béisbol cubano puede competir en la Serie del Caribe, pero eso no significa que esté al nivel de esas ligas invernales.

Por si fuera poco, otros factores de carácter extradeportivo entran en juego y nuestros elencos asisten a cualquier competencia con esa dañina presión extra a la que todos les sometemos: la de ganar a toda costa, so pena de regresar como fracasados. No pocas veces hemos visto a medallistas mundiales y olímpicos recibir preseas de plata y bronce como si del último lugar de la competencia se tratara, y en el béisbol esta percepción se acentúa.

Se trata de que, a lo largo de los años, hemos esgrimido a la pelota como bandera, refugio o arma arrojadiza, según haya convenido en cada circunstancia. En torno al béisbol, hemos construido un absurdo mito de invencibilidad, potenciado por una prensa disfuncional que unas veces se comporta increíblemente acrítica y otras roza el hipercriticismo.

Quizás, en medio de este momento histórico que vivimos los cubanos, convenga evadir la autocomplacencia, comenzar a tomar decisiones valientes y repensar al béisbol tal cual es: patrimonio intangible de una nación enamorada como pocas del deporte de las bolas y los strikes.

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5 pensamientos en “Amnesia

  1. Saludos Dubler, excelente artículo amigo, no cabe otra calificación. Das un toque de atención a los que dirigen el beisbol en Cuba porque son ellos los que nadan en el inmovilismo, la dejadez, el desintéres, el mal trabajo y las justificaciones.
    Para nadie es un secreto que nuestro beisbol atraviesa horas muy bajas en cuanto a nivel y desarrollo (basta mirar por TV un juego de la Serie Nacional para darse cuenta), muchos le echan la culpa a la irrupción del profesionalismo, la fuga de peloteros, la falta de recursos, etc, etc y es verdad, hay un poco de razón en todo, pero Cuba es un país que respira beisbol por todos lados y tiene capacidad y talento para revertir esta situación, solo que no hay voluntad para cambiar las cosas, es como cuando le preguntas a un amigo como le va y este te responde con resignación: vamos tirando. Ese es el retrato de nuestra pelota actual, va tirando. Preferimos caminar por una cuerda floja (mas lentos que una babosa y pensandolo 300 veces) a coger la sarten por el mango y decir vamos pa´lante, a cambiar los métodos de trabajo y la mentalidad.
    En el artículo hay algo en lo que no estoy de acuerdo contigo y es el tema de los 16 equipos. Yo creo que ya hemos cambiado demasiadas estructuras y me parece que el problema no esta ahí, se trata de mal trabajo, eso es todo, que no existe una metodología común para todo el país en el desarrollo de los peloteros. Un sistema de beisbol que inserta jugadores de 16 años en su torneo élite está mal de la cabeza, porque no respeta las etapas, las violenta y ahí estan los resultados, no todo el mundo es Omar Linares o René Arocha y así y todo, yo creo que con ellos se saltaron los niveles, esto solo es un ejemplo. Hay mucha gente que quiere mantener la representatividad y a la vez concentrar la calidad. Eso ya lo tenemos con la actual estructura, matamos dos pájaros de un tiro, solo que habría que mantener una segunda división con las provincias que no están entre los ocho mejores, con sistema de ascenso y descenso todos los años (como en el futbol y otros deportes) y total movilidad de los peloteros, creo que es factible desde el punto de vista económico y del espectáculo para la gente, con el estímulo y la lucha todos los años por el ascenso y por no descender a segunda. Es una opinión particular, pero creo que se puede hacer.
    Un saludo amigo

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    • Hola. Muchas gracias por leer. Estoy de acuerdo con usted en que el inmovilismo y la abulia están matando al béisbol cubano. En cuanto a los 16 equipos, creo que son demasiados. Le pongo un ejemplo: Las Tunas tuvo que apelar el año anterior a un jugador de 16 años, Yordan Álvarez, porque no tenía otras opciones para defender la primera base. Tan sencillo como eso.
      Cuando hablo de que 16 son muchos, me refiero a que el torneo élite no debe ser ese, con esa masividad. Ni siquiera el que tenemos ahora, con ocho conjuntos. Propongo que la Serie Nacional se mantenga con 16 equipos y sea un torneo que comience en la primavera y termine en el verano. Luego, en el invierno, como sucede en el Caribe, una selectiva o como quiera llamarse, con no más de seis equipos, y en la que estarían al menos en su segunda mitad los jugadores que hayan sido contratados en Japón, Corea o, incluso, en un futuro en Estados Unidos.
      Saludos.

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  2. Saludos,

    Muy buen comentario. No solo valiente e interesante, sino que pone los puntos sobre las ies.
    No cabe duda que tenemos mucha suerte, lo cual no es malo del todo. La historia nos ha ayudado mucho en la pelota, y eso viene desde el jonrón de Guriel, o el fly que dejó caer el jardinero. Hablo de hace 20 años.

    Sin embargo, como dices ud, siempre escogemos ignorer la realidad y refugiarnos en el halo de suerte y grandeza que siempre nos acompaña en nuestro complejo de “ombligos del mundo”.

    Las razones de los anterior, afortunadamente son las mismas de todo lo demás en Cuba.: el pueblo habla porque sabe y opine, pero nadie le hace caso. Los que están en el poder, saben que las cosas andan mal (son más inteligentes que los demás) pero no lo dicen porque eso expondría su mal trabajo y las otras razones por las que aúnque ineptos siguen mandando. Los PERIODISTAS, los periodistas, los que van al viaje no quieren hablar mal porque se quedan en el próximo, los que se quedan, no lo hacen porque quisieran ver si se les pega el proximo, y los que si saben y lo quieren decir, no tienen donde…chirrín, chirrán que ya se acbó.

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  3. Pingback: Amnesia | Blogosfera Cuba

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