Al diálogo con el campeón más joven del 49 Memorial Capablanca


Ajedrecista tunero César Alejandro Pérez.

Foto: Ángel Luis Batista

En enero del 2002 el joven ucraniano Ruslan Ponomariov sorprendía a su compatriota Vassily Ivanchuk y se coronaba Campeón Mundial en Moscú. Pocos meses más tarde, en La Habana, un Lázaro Bruzón de apenas 20 años ganaba de manera brillante la edición 37 del Memorial Capablanca y, al mismo tiempo, en Las Tunas, un pequeñín de solo cuatro años aprendía los primeros movimientos sobre el tablero, sin sospechar que asomarse al mundo mágico del ajedrez se convertiría en una pasión incontrolable que llenaría desde entonces cada uno de los días de su vida.

Doce años después, el prodigio noruego Magnus Carlsen amenaza con romper la barrera de los 2900 puntos y traspasar la última frontera hacia la leyenda; el novel filipino Wesley So acaba de ganar un Memorial Capablanca en el que Bruzón ha devuelto la ilusión a sus miles de seguidores; y aquel mismo pequeñín, todavía fascinado con el enigmático universo de las 64 casillas, se ha coronado inobjetablemente en el Grupo Abierto II del torneo más fuerte de Latinoamérica.

Se trata de César Alejandro Pérez Rodríguez, el mismo niño que se enamoró una noche del ajedrez, viendo a sus primos desplazar las piezas; el que divertía con sus inocentes movidas iniciales a los aficionados de los trebejos en su vecindario; el que demoró más de un lustro en vencer a su gran rival, el “viejo Labernia”, hasta que un buen día de sus 10 años destronó para siempre al campeón del barrio.

“Según me cuentan, a todos les llamaba la atención que con tan poca edad jugara tan bien y por eso ya a los seis años comienzo a practicarlo un poco más organizado. Recuerdo que en esa época el profesor Rodolfito me montaba en su bicicleta y me llevaba por ahí, por toda la ciudad, para que enfrentara a otros niños que eran mucho mayores que yo”. Así rememora César sus primeros pasos en los exigentes senderos del ajedrez, caminos intrincados que le condujeron, con solo nueves años, hasta la Academia de Las Tunas.

“Ahí comenzaron los resultados –agrega-, cuando gané un Campeonato Provincial de la categoría 9-10 años, pero también los tropiezos, pues en mis primeros torneos nacionales lo único que gané fue experiencia… En ese momento es que me doy cuenta de que jugar bien exigía estudiar mucho y que el nivel era muy alto en el país. Ya desde entonces comencé la rutina de entrenar de seis a ocho horas diarias, y la mantengo hasta hoy.”

El talento que se asomaba ya a su manera de entender el complicado juego comenzó a traducirse en victorias sobre el tablero y, con apenas 13 años, gana la fase semifinal provincial ante varios Maestros Nacionales, para luego continuar con un cuarto lugar individual en el Campeonato Nacional de la categoría 12-14. Varios meses después, ya convertido en habitual dentro de las competiciones de mayores, sale reportado con Elo por primera vez y alcanza lo que podría llamarse la mayoría de edad de cualquier trebejista.

“Todo eso es bastante complicado. Por ejemplo, en el 2012 gané un torneo en Villa Clara y sumé 68 puntos Elo que nunca me reportaron. Incluso, ahora mismo me deben otras 40 unidades y todavía las estoy esperando”, afirma César, quien en el 2014 se tituló en competencias de primer nivel en Guantánamo y Las Tunas, y terminó segundo en Villa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba. Además, se convirtió hace unos días en el jugador que más rayas ganó (58) entre todos los presentes en el Memorial Capablanca.

“Ese momento fue increíble. Imagínate que los torneos en los que yo había jugado eran de seis, o cuando más, de 10 jugadores; y de pronto estar en un salón enorme, con 122 rivales, y saber que la mayoría tenía más experiencia y Elo que yo… Además, las partidas fueron difíciles, en especial la que jugué ante el tunero Alfredo Aguilera, campeón provincial. Pero poco a poco fui tomando confianza y llegó un momento en el que me sentí con fuerzas para ganar. Fue muy curioso, porque al principio te consideran nada más que un principiante, aunque luego, cuando ven la calidad de tu juego, se acercan, te felicitan y tú sientes que ya te respetan, que te tratan como a un Maestro.

“Allí tuve la oportunidad de ver un ajedrez de gran nivel y eso siempre te ayuda a crecer. Nosotros jugábamos por la mañana, y por la tarde íbamos a ver las partidas del Grupo Élite, las de Bruzón, de Leinier; pero en especial las de Juan Carlos Obregón, un jugador al que admiro por su estilo de juego, por haber salido de abajo, por todo el sacrificio que ha tendido que hacer para llegar hasta donde está.”

César Alejandro no tiene reparos en admitir que pretende siempre imitar ese estilo de juego agresivo que practica Obregón, campeón por segundo año consecutivo del Abierto I del “Capablanca”. “A mí me gustan sobre todo las líneas abiertas, que permitan desarrollar variantes dinámicas y que potencien la táctica. Claro, a partir de ahora, que estoy a punto de llegar a los 2250 y obtener el título de Maestro Nacional, tendré que estudiar mucho más e incorporar variantes, quizás jugar más a menudo torneos de partidas rápidas que me organice mi entrenador, Edilberto Mercantete, a quien también la agradezco este resultado. A él y a todos los que me han ayudado durante estos años.”

Como todo ajedrecista, César enfrenta los rigores de una carrera que solo conoce exigencia y consagración casi total. El adolescente en el que se ha convertido debe compartir su pasión por el Juego Ciencia con los estudios académicos en la Eide Carlos Leyva González, al tiempo que debe renunciar a menudo a participar de las actividades festivas que prefieren sus amigos. “Es cierto que esta vida es un poco restringida, pero yo he comprendido que el ajedrez exige mucha constancia y que esa es la única vía para alcanzar mis metas, que son ahora mismo llegar a la semifinal del Campeonato Nacional de primera categoría, tratar de ganar una medalla en la Olimpíada Juvenil y, por supuesto, obtener el título de Maestro Fide (ya es inminente el de Maestro Nacional), además de tener una buena actuación en el Abierto I del Capablanca 2015.”

Pendiente de la consecución de estas metas está su futuro. De decidirse finalmente por los trebejos podría estudiar la Licenciatura en Cultura Física, aunque no descarta que pueda inclinarse por la Medicina. Admirador del genial Bobby Fischer, a quien considera “el único que pudo desafiar al Imperio de los jugadores rusos”, y seguidor de los mejores exponentes universales, César no pierde de vista el desarrollo de este deporte en Las Tunas. “Creo que el ajedrez debe practicarse más en el resto de los municipios de la provincia, con más torneos, con simultáneas a las que podrían invitarnos”.

Ciertamente, no se trata de una preocupación menor, pues para nadie es un secreto que la Academia de esta ciudad está entre las de peores condiciones en el país. El resultado excepcional de los jugadores del Balcón de Oriente en el 49 Memorial Capablanca marca el momento preciso para llamar la atención al respecto, luego de conocerse que se pretende incluso recortar plazas entre los ajedrecistas en la Eide. “Allí hay varios niños que tienen mucho talento y que necesitan de todo el apoyo que da la escuela, con entrenadores, psicólogos, preparadores físicos. Ojalá tengan en cuenta lo que conseguimos ahora, porque el ajedrez te cambia la vida y te hace una mejor persona”, concluye el más joven de los campeones tuneros.

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Un pensamiento en “Al diálogo con el campeón más joven del 49 Memorial Capablanca

  1. Entiendo lo difícil que es para estos muchachos a veces desarrollarse. Segun Isbel Herrera del Sol (Arbitro encargado de reportar los torneos cubanos a la FIDE), el depende de que los árbitros de los diferentes torneos se los reporten en tiempo para el enviarlos a la FIDE. Desgraciadamente esto no sucede tan eficientemente como en el resto de las federaciones del mundo. Ojala la federación cubana y los propios jugadores le exija un poco mas a los árbitros, y que ellos mismos interioricen que el desarrollo normal del ajedrez cubano también depende de su eficiencia.

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