Un gran paso de avance…


Higinio Vélez dirigió a la Selección Nacional en las dos primeras ediciones del Clásico Mundial.

Higinio Vélez dirigió a la Selección Nacional en las dos primeras ediciones del Clásico Mundial. / Foto: AP.

Me divierte, por tragicómico quizás, el chiste que alguien adaptara de un original un poco menos publicable en estas páginas: hace unos años, la pelota cubana estaba al borde del abismo; con la llegada de Higinio Vélez, dio un gran paso de avance…

Y no se trata de irrespetar la carrera de un hombre que ha dedicado su vida al béisbol. Solo por eso, el otrora mentor de la célebre Aplanadora Santiaguera merece el debido reconocimiento de la afición. Sin embargo, varios años después de que tomara las riendas de nuestro deporte nacional, parece absolutamente innegable que su gestión ha fracasado de manera rotunda.

Sigo sin comprender, entonces, de qué manera sigue ahí, decepción tras decepción, derrota tras derrota, como timonel de una nave que se hunde todos los días un poco más. El naufragio ha sido tal, que en su más reciente aventura, la Serie del Caribe 2014, los cubanos sufrimos la humillación de ser los más débiles entre los cinco participantes, una prueba demasiado dura para el orgullo de una nación que respira béisbol.

Me cuesta asimilar el modo en que las autoridades a las que les compete tomar una decisión se resisten a completar el ciclo lógico que regula cualquier sistema deportivo en problemas: primero, se cambian los jugadores o se buscan variantes tácticas para conseguir que rindan más y mejor. Luego, de persistir las dificultades, es el turno de los directores o managers, de los entrenadores o de todo un colectivo técnico, si es necesario. Y, finalmente, si los resultados no aparecen, las conclusiones desnudan invariablemente carencias importantes en materia de estrategia, de visión, de creación de un andamiaje que funcione desde la base hasta su cúspide; los cañones apuntan, entonces, a los federativos, los hombres o mujeres encargados de pensar, trazar planes y encontrar salidas creativas, modernas, de tomar riesgos y, en última instancia, saber cuándo se impone dar un paso al lado, porque el fracaso es evidente y han terminado por convertirse en un escollo insalvable para el deporte que representan ante todo un país.

En el béisbol cubano se han cumplido al pie de la letra las dos primeras fases, pero el tiempo pasa y sedimenta en el orgullo de la afición un espíritu de derrota nunca antes conocido, sin que alguien mueva un dedo para hacer lo que tantos piden. Porque en Cuba hemos tenido que aprender a perder y muchas veces hemos ido a algún torneo solo con la clásica jabita de la derrota… la otra, más de una vez, ha quedado olvidada en casa.

Itinerario del desastre

El subtítulo conquistado en el I Clásico Mundial fue una inyección de adrenalina directamente a las venas del orgullo nacional. Dejar fuera de la competencia a la Venezuela de Johan Santana, Miguel Cabrera y Bobby Abréu, al Puerto Rico de Carlos Delgado, Iván Rodríguez y Carlos Beltrán, o a la República Dominicana de Albert Pujols, Bartolo Colón y Papi Ortiz, fue una hazaña sin precedentes en la historia centenaria de nuestro béisbol. De esa exitosa incursión salió fortalecida la imagen de Higinio Vélez, el mentor de aquel equipo de transición en el que sobrevivían algunas figuras de la generación anterior y en el que comenzaba a despuntar el relevo.

El resultado fue su posterior promoción al puesto de mando de la Federación Cubana, para dar inicio a un período gris, de escasos resultados internacionales, de constantes errores y rectificaciones en el orden interno, de una multiplicación exponencial de las deserciones…

Ya en la Copa Mundial del 2007, el Equipo Nacional cedió ante un joven conjunto de Estados Unidos y las derrotas a esa instancia se repetirían en las ediciones de 2009 y 2011. En estos años, sufrimos especialmente el revés ante Corea del Sur en la final olímpica de Beijing y la tortura a la que nos sometieron equipos de Japón, en el segundo Clásico, y de Holanda, en el tercero y en cualquier competencia donde nos los encontramos. En categorías menores, Cuba ha perdido igualmente su habitual supremacía. Los juveniles (ahora sub-18) no han ganado en esta etapa un Campeonato Mundial que dominaron por décadas, algo muy similar a lo acontecido entre los cadetes (sub-15).

En el plano nacional, consideraciones de índole económica, pero sobre todo manquedades estratégicas y una increíble ausencia de visión en torno al rol sociológico que desempeña la pelota entre los cubanos, han condenado a la mitad del país a 10 meses de inactividad en el máximo nivel de nuestro béisbol. Por si fuera poco, persiste una irresponsable resistencia al cambio y la Serie Nacional se efectúa en fechas que siguen reñidas con los calendarios de casi todas las ligas del mundo, además de que la reticencia a que nuestros jugadores se inserten en otros campeonatos ha provocado un imparable éxodo que amenaza con desangrar por completo el mayor espectáculo del país, privándolo de talentosos jugadores que cada vez son más jóvenes.

El círculo de decadencia parece haberse cerrado ahora con el desastre de la Serie del Caribe, aunque siempre quedará la posibilidad de que el sendero de la derrota siga un recorrido en espiral y lo sucedido en Isla Margarita, Venezuela, sea solo un capítulo más en esta interminable lista de sinsabores. A siete años de haber iniciado su gestión, y luego de improvisaciones múltiples, retrocesos continuos y pésimos resultados, la única salida consecuente con su carrera dedicada por completo al béisbol es la renuncia inmediata del máximo dirigente de la pelota cubana.

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4 pensamientos en “Un gran paso de avance…

  1. Pingback: ¿Qué sucede en realidad con Higinio Vélez? | Esquina Caliente

  2. Pingback: Béisbol cubano: Para renacer, primero hay que sobrevivir | Esquina Caliente

    • Hola. Tiene Ud. mucha razón: este es un problema de implicaciones mucho más profundas, pero supongo que estará de acuerdo en que no podemos ser tan ingenuos como para pensar que existe una solución global, mágica e instantánea. Por eso, estoy convencido de que hay que comenzar por apartar a quienes son una traba palpable, a quienes están en la punta de la madeja… Hacerlo sería una buena manera de comenzar a solucionar poco a poco este problema enorme en el que está metido el béisbol cubano. Me explico: primero, hay que parar el éxodo de peloteros (ahí tiene los casos de equipos como Cienfuegos o Las Tunas, totalmente desmembrados por la fuga de talentos); la única vía es permitiendo que jueguen en otras Ligas. Con los ingresos que generen esos contratos podríamos mejorar a mediano plazo nuestra Serie Nacional y hacer el amplio trabajo desde las categorías menores, desde la base hasta el Alto Rendimiento, un trabajo que hoy es imposible sencillamente por carencias serias de recursos. Y para hacer todo esto, necesitamos que tomen las decisiones los hombres que piensan por esta cuerda, sin el conservadurismo que ha existido hasta ahora. Luego, hacer a un lado a Higinio y la idea, la postura o la tozudez que él representa (y de paso a quien o a quienes lo sostienen a ultranza, ojo con esto) , se me antoja un muy buen primer paso. Saludos.

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