Con el orgullo está prohibido especular


cuba-besibol-11Tras el excelente partido que Las Tunas le ganó a Industriales el sábado anterior, la información publicada por la edición digital de este periódico llevó el siguiente título: “El orgullo de los Leñadores enmudece al Latinoamericano”. Y ciertamente fue ese el sentimiento de todos los tuneros al ver al equipo que muchos pensaron iría de mero espectador al templo mayor del béisbol cubano. Fue una demostración de gallardía, de reafirmación en el hecho innegable de que tenemos suficiente talento y vergüenza deportiva en ese grupo mayormente joven, como para soñar con un futuro de victorias.

Sin embargo, luego de lo sucedido en la jornada dominical, los comentarios y las llamadas de nuestros lectores no han cesado, en algunos casos utilizando términos como “traición”, “burla a la afición” y “falta de respeto”. Y aunque no me inclino por ser tan radical en mis juicios, la seriedad del tema exige dejar las cosas claras desde el principio: después de escuchar los argumentos esgrimidos por el mentor Ángel Sosa, estoy plenamente convencido de que la dirección se equivocó.

Pero repasemos los hechos. El pasado domingo, los Leñadores derrotaban a Industriales 3×0 a la altura del sexto inning, cuando un doblete de Yulieski Gourriel, con dos outs y las bases limpias, inclinó al Alto Mando a sustituir a un Yoelkis Cruz inmenso, poseedor de una recta que varias veces sobrepasó las 90 millas por hora y dueño de un control milimétrico. El controvertido reemplazo de su principal as obedeció, de acuerdo con Sosa, al plan trazado de antemano, teniendo en cuenta que Cruz estaba afectado por una sacrolunvalgia y comenzó a sentir molestias mientras lanzaba. Hasta aquí todo bien, pues el manejo del pitcheo es prerrogativa única del cuerpo técnico y la disponibilidad de Darién Núñez, Ubisney Bermúdez y Carlos Juan Viera en el bullpen, justifica una decisión que terminó por cambiar completamente el curso del choque, pero que desde mi punto de vista estuvo bien tomada.

Los verdaderos problemas aparecieron en el octavo capítulo, después de que se  igualara el marcador a seis carreras. En ese momento crucial, todo indicaba que había que luchar con lo mejor disponible hasta el final: la grandeza del rival (el máximo ganador de títulos en Series Nacionales) y del escenario (el mayor estadio beisbolero de Latinoamérica), la presencia de la televisión nacional con máxima audiencia por ser el único juego de la jornada y los deseos de miles de aficionados de ver a sus peloteros despedirse con honor del campeonato. Incluso, hasta el obsceno gesto de Rudy Reyes tras pegar el jit que igualó la pizarra, si acudimos a motivaciones más terrenales.

13-IND-vs-LTUSin embargo, la dirección del elenco optó por un cambio masivo que solo dejó sobre el terreno al torpedero Ernesto Lalana, al parecer el único que no tenía reemplazo. Según el manager tunero, había hecho el compromiso con sus jugadores suplentes de que todos tendrían oportunidad de ver acción y algunos titulares necesitaban descanso, pues arrastraban molestias físicas, además de estar afectados por la inactividad del fin e inicio de años y por el largo viaje a la capital. Sin sus principales figuras sobre la grama del Coloso del Cerro, el desenlace era previsible y un enorme jonrón con bases llenas de Yasmani Tomás puso el peor epílogo posible a la temporada.

Al margen del gran malestar que prima aún entre la afición, prefiero concederles el beneficio de la duda a los técnicos. Opto por confiar en sus argumentos y no darle crédito a la opinión de algunos testigos, según los cuales un lanzamiento de Viera ante Rudy que pudo ser el tercer strike y en cambio fue decretado bola por el árbitro principal (en la televisión se apreció fuera de la zona), provocó una airada protesta, desencadenó incluso alguna posible expulsión y habría sido la causa directa del cambio masivo de atletas, en señal de protesta. Quiero realmente creer en la primera versión, pero debo reiterar que, aun cuando las malas intenciones no estuvieran presentes, la equivocación existe y tengo en mi poder un instrumento infalible para probarlo: diez de cada diez tuneros con los que he conversado están totalmente indignados. Y como ya sabemos el pueblo nunca se equivoca.

En sus declaraciones posteriores, Sosa afirmó que no podía arriesgarse a que Viera perdiera su carrera deportiva por un juego que no tenía mayor importancia. Aludía al hecho real de que su equipo no podía ni mejorar ni empeorar el décimo lugar, independientemente de lo que sucediera en el “Latino”. Más allá de la muy discutible tesis de que un pitcher joven y de brazo fuerte como el cerrador jobabense corriera el riesgo de sufrir una lesión por tirar 20 o 30 lanzamientos más, el grave error de concepto está, creo, en considerar que el último partido ante los Leones carecía de relevancia.

Y es que los análisis reduccionistas y poco inteligentes escuchados en los últimos días han olvidado el fuerte carácter simbólico que revestía esa presentación del adiós. En primerísimo lugar, porque Las Tunas necesita imperiosamente dotar a sus jugadores de esa férrea convicción de salir siempre a ganar, a ser mejor que el rival, propia de conjuntos de la talla de Industriales, Santiago de Cuba o Villa Clara. Como ya hemos dicho, el contrario, el escenario y las circunstancias eran ideales para hacerlo y dejar una muy positiva última impresión. La ansiada “mentalidad ganadora” solo se consigue imponiéndose en partidos como los del pasado domingo, sometiendo a los gigantes de la pelota cubana.

Además, de haberse sumado ese triunfo 23 se habría conseguido la misma cantidad de éxitos que el año anterior, a pesar de que muchos auguraban el desastre tras la renovación sufrida por el elenco. La actual dirección, que heredó y asumió con plena responsabilidad la decisión de excluir de la nómina a hombres claves hasta la temporada 2012-2013, podría enseñar ahora un resultado idéntico al de hace un calendario, logrado con peloteros de 16, 18 y 19 años, muchos de ellos novatos y otros con casi nula experiencia en este nivel de béisbol. Habría sido un verdadero espaldarazo a la todavía discutida política de renovación. Una cifra más en el casillero de los juegos ganados pudiera parecer algo insignificante, pero solo para los supuestos entendidos en la materia que se empeñan en anteponer su ego desmedido al análisis objetivo y justo de la realidad.

No obstante, hay otras implicaciones. La derrota del domingo puso fin a una racha de ocho campañas sin perder el compromiso particular ante los azules. Con toda seguridad, Las Tunas es hoy uno de los tres rivales más incómodos que tienen los 12 veces campeones nacionales, hasta el punto de que estos solo habían podido ganar 18 de los últimos 45 desafíos entre ellos. Desde la 45 Serie Nacional (temporada 2005-2006), los Leñadores habían vencido en cuatro enfrentamientos y un número similar había quedado empatado. Los aficionados del parque Julio Antonio Mella recuerdan, por ejemplo, aquella espectacular barrida del 2009, cuando los de verde y rojo ganaron otras dos veces a domicilio y se impusieron en cinco de seis encuentros a la nave azul.

cuba-beisbol-101Y hay más. Los dos partidos efectuados el pasado fin de semana habían quedado pendientes desde las fechas del 12 y el 13 de noviembre, cuando la lluvia impidió que se efectuaran. En aquella ocasión, mucho se habló del único desafío que se pudo realizar, en el cual el pésimo juego desplegado por Las Tunas les permitió a los Industriales ganar un choque, por primera vez en 13 años, con apenas dos jits conectados. Fue el día en que quedó reabierto el “Latino” tras su remodelación, la noche en la que Yulieski Gourriel estrenó ante su nueva fanaticada el llamativo número 01; una especie de fiesta local a la que el nerviosismo de los Leñadores contribuyó con creces, permitiendo un racimo de tres carreras en la entrada inicial a base de pelotazo, error en fildeo del inicialista, doblete de dos carreras, robo de tercera con la bola en manos del pitcher y error en tiro de este a la antesala. Dos innings después, la cuarta anotación: una base por bolas y dos passed balls consecutivos. Al otro día, las malas condiciones meteorológicas salvaron a los discípulos de Ángel Sosa de otro trago amargo, pues en el momento en que el agua puso fin a las acciones perdían 6×1, apenas jugado el episodio de apertura. Esa mala imagen había sido borrada por la excelente presentación del pasado sábado y los dos primeros tercios del domingo, pero el inmerecido epílogo volvió a reservarles a los peloteros del Balcón de Oriente el papel de simples animadores, en medio de otro jolgorio azul.

Por si fuera poco, en la memoria colectiva de los tuneros está grabado con fuego aquel duelo de la 51 Serie Nacional, cuando el elenco que entonces dirigía Juan Miguel Gordo viajó hasta La Habana en busca de una victoria que le asegurara su clasificación. Todos recuerdan que en aquella ocasión el enfrentamiento estuvo precedido de una subserie de alta tensión en el “Mella”. De aquí salieron mal parados los Leones, víctimas de un efectivo juego de toques de bolas, robos de base y velocidad en función de la ofensiva que terminó por desquiciar al “imperturbable” Lázaro Vargas y marcó el destino de una pugna final que los capitalinos se tomaron como esperada venganza.

vargasEn aquel momento, Industriales no se jugaba ni siquiera mejorar un lugar, como lo hizo ahora, y aun así Vargas apeló a todas sus estrellas con la única intención de evitar la clasificación del rival. Aquellos dos primeros encontronazos de infarto, ganados de manera espectacular por el equipo de la capital, pusieron al borde de la eliminación a los Leñadores. Solo en el tercer partido, cuando una desbordada ofensiva tunera puso marcador de nocao, el polémico exantesalista optó por darles descanso a sus titulares.

Por todo eso, y porque ninguna victoria es más disfrutada por estos lares que las que se consiguen ante los Industriales, Ángel Sosa y su cuerpo de dirección debieron ir con todo hasta el final, pidiéndoles a los lesionados un último esfuerzo, propiciando que Viera se recuperara y volviera a mostrar la enorme clase que encandiló al país la noche anterior.

Para un conjunto tradicionalmente modesto como Las Tunas no hay nada más valioso que su orgullo y su autoestima, no hay mayor premio que la tranquilidad de saber que a su gente no le importan las derrotas si no quedó nada por entregar. Hay cosas intangibles, sentimientos que crecen muy adentro en el corazón del pueblo y que son extraordinariamente difíciles de apreciar en toda su magnitud cuando la premura y el calor de un juego de béisbol exigen tomar decisiones instantáneas. Por eso la lección debe quedar muy clara: con ellos está prohibido especular.

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7 pensamientos en “Con el orgullo está prohibido especular

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  2. estoy plenamente de acuerdo con el documento expuesto anteriormente, considero una falta de respeto a todo el pueblo lo acontecido, pienso que el exmentor de las tunas no debe entrar en un estadio como director en ninguna de las categorias, estas cosas acontecen cuando existen perdida de valores, un director de pelota en nuestro pais debe demostrar con sus estrategias la valentia, la sensibilidad y la confianza que le da nuestro pueblo pues como sabemos la pelota es la mayor alegria de toda la poblacion, espero al igual que toda nuestra poblacion que hechos como estos no se repitan.

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