“La literatura es un deporte de combate”


En primer plano, Encia; al fondo, Fenelo.

En primer plano, Encina; al fondo, Fenelo.

De la siempre añorada “pelea del siglo” entre Teófilo Stévenson y Mohamed Alí a las muchas anécdotas que dejó en su peculiar existencia el gran poeta Rubén Darío; desde la espectacular pegada de Mike Tyson y el triste vacío de poder que sufren hoy los pesos pesados en el mundo hasta las imprescindibles novelas de Mario Vargas Llosa. De la esquina roja, con el fino estilo del escritor Carlos Esquivel, a la azul, con la fogosa letra del trovador Freddy Laffita; de la lírica y el drama que caben entre las 12 cuerdas de un ring a la pegada demoledora que tiene la auténtica literatura.

Semejante recorrido solo podía producirse en la peña que habitualmente realiza el autor de Los epigramas malditos en el centro cultural Huellas. Empujado por su incontenible pasión hacia el deporte, Esquivel (Elia, 1968) se las arregló esta vez para reunir en la tierra de Kid Gavilán y Guillermo Vidal a dos exboxeadores que descendieron hace muchos años de los cuadriláteros, dispuestos a entrar en el infinito cuerpo a cuerpo, en el combate sin límites que es la creación literaria.

El santiaguero Eduard Encina (Baire, 1973), otrora púgil de alto rendimiento y actualmente un reconocido poeta cubano; y el camagüeyano Obdulio Fenelo (Florida, 1971), con una corta carrera en el deporte de los puños, pero autor de una destacada obra narrativa, hicieron evidentes una vez más los muchos puntos de contacto entre escritor y atleta.

“El escritor y el atleta deben compartir la zozobra de nunca sentirse en la cima”

El anfitrión Carlos Esquivel, junto a sus dos invitados.

El anfitrión Carlos Esquivel, junto a sus dos invitados.

Para el santiaguero, “hay algo de filosofía detrás de esa regla de oro en el boxeo que es intentar dar y no recibir. Creo que es más bien una postura ante la vida”; mientras el camagüeyano asegura que “el arte de escribir es una suerte de deporte de combate. El escritor y el atleta deben compartir la zozobra de nunca sentirse en la cima, si bien la literatura es más una pelea contra uno mismo y el más importante es el combate interior, porque nadie te puede callar”.

Así, sin silencios, como en algún improvisado ring de barrio, esta conspiración orquestada por tres escritores dejó fuera de combate a quienes insisten en separar la literatura y el deporte, dos indiscutibles pilares de la cultura cubana.

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