Cinco asaltos con la Historia


  • Esquina Caliente asume un entrañable cuerpo a cuerpo con cinco glorias del boxeo cubano, presentes en la recién efectuada primera copa Teófilo Stévenson. El hombre esencialmente humano que fue, se dibuja en el recuerdo de quienes compartieron grandes momentos con el Gigante de Delicias.
Con su eterna costumbre de saltar las cuerdas, Teófilo estará siempre encima del ring.

Con su eterna costumbre de saltar las cuerdas, Teófilo estará siempre encima del ring.

A poco más de una hora de viaje hacia el norte de Las Tunas, el pueblecito de Delicias vive con ese orgullo tan propio de ciertos parajes excepcionales: en su reducida geografía acoge no solo a la mayor fábrica de azúcar de Cuba, sino, sobre todo, al sitio donde le nació a la historia del boxeo mundial el más grande pugilista amateur de todos los tiempos.

Y aunque en plena ciudad de Las Tunas, en el centro mismo de la polideportiva Leonardo McKenzie Grant se encuentra el último cuadrilátero que hace ya 25 años sintió el peso del tricampeón olímpico Teófilo Stévenson, lo cierto es que el programa de la Copa que lleva su nombre habría estado incompleto sin un viaje de regreso a los orígenes, a donde comenzó a forjarse la leyenda.

Hasta el lugar exacto en el que dio sus primeros pasos, sin poder imaginar que la fuerza telúrica de sus golpes sacudiría hasta sus cimientos el boxeo mundial, llegaron varios de los más encumbrados representantes del deporte de los puños en el país.

“El hombre esencialmente humano que fue Teófilo Stévenson, se dibuja en el recuerdo de quienes compartieron grandes momentos con el Gigante de Delicias”

La ilustre comitiva visitó la antigua casa de “Teo” y, más tarde, en las inmediaciones del estadio de béisbol del poblado, estaría en el sitio donde el futuro campeón entrenaba, cuando un rústico cuadrilátero a ras de suelo era el precario pedestal sobre el que se empinaban sus deseos de competir y ganar. Allí, mientras la lluvia se empeñaba en hacer acto de presencia, Esquina Caliente comenzó el intercambio con buena parte de la historia viva del boxeo cubano.

Maestro de baile

Con la misma seguridad que escaló el ring aquel día de 1968, cuando se convirtió en el primer medallista olímpico del boxeo revolucionario, el monarca mundial Rolando Garbey remonta su memoria varias décadas atrás.

“Una de las cosas que siempre recordaré es cómo nosotros trabajamos con Teófilo para que boxeara mejor. Cuando él llega al equipo, por entonces en los 75 kilogramos, carecía de coordinación en sus movimientos. Por eso el ya fallecido Enrique Regüeiferos y yo tuvimos que enseñarlo a bailar”, dice Garbey y abre las puertas a la remembranza en torno al hombre con el que todos los presentes atesoran algún momento memorable.

“Por aquella época –continúa- había una orquesta que se llamaba NeoSon y nosotros lo poníamos a bailar con su música; y aunque por un tiempo se le quedó el nombrete de Neo y fueron muchas las bromas del resto de los muchachos, lo cierto es que a partir de ahí comenzó a boxear con mayor facilidad”.

Dormir el sueño del campeón

Ya abiertas de par en par las puertas de tantos recuerdos, el profesor Sarbelio Fuentes, formador de infinidad de campeones, se suma entre risas al recuento: “Lo que pocos saben es que era bastante dormilón. Podíamos estar en medio de unos Juegos Olímpicos y a la hora de comenzar a entrenar había que salir a buscar a Teófilo. Siempre lo encontrábamos en la cama y por eso Alcides (Sagarra) decidió que a él había que levantarlo dos horas antes. Pero más allá de la anécdota, él le aportaba mucho al equipo, no solo por el gran atleta que era, sino por la alegría que contagiaba a todos en cada momento”.

El que noquea primero, gana

En términos semejantes de admiración y respeto se pronuncia el titular olímpico de Montreal 1976, Jorge Hernández: “Yo lo conocí después de la Olimpíada de Munich. A veces se ponía ahí a mirarte cuando tirabas y después te decía lo que estabas haciendo mal, cómo tenías que golpear. Era un amigo de todos, muy cariñoso. Claro, tampoco éramos santos, siempre hacíamos nuestras diabluras. Recuerdo que en muchos torneos internacionales nos retábamos, para ver quién era el que noqueaba más rápido. Y aunque con Teófilo era casi imposible competir, nos poníamos para eso y algunas veces los pesos más bajitos salíamos ganadores, no te creas”.

De Cuba y del mundo

Con una sencillez que asombra, el tricampeón olímpico Félix Savón se mantiene pendiente de cada detalle, aquí ayudando a montar el ring, allá saludando a los muchos que se le acercan. Más tarde, observa con detenimiento a los niños que exhiben sus habilidades encima del cuadrilátero, acaso acechado por la nostalgia.

“le aportaba mucho al equipo, no solo por el gran atleta que era, sino por la alegría que contagiaba a todos en cada momento”

El seis veces titular mundial, excepcional sucesor del Gigante de Delicias, no ha tenido dudas al afirmar que “era de Cuba y del mundo. El que no ha oído hablar de Teófilo no ha vivido”.

Es el mismo hombre que, tras conocer la muerte de Stévenson, reconocería estar afligido, incrédulo ante la noticia: “Todavía no me acostumbro, Teófilo me dio un ejemplo de patriotismo”.

Un símbolo de Cuba

stevenson2El Dr. Alcides Sagarra es el alma de la primera copa Teófilo Stévenson in Memóriam. Omnipresente, se asegura de que todo salga bien y defiende a capa y espada el homenaje al más distinguido de sus discípulos.

El fundador de la Escuela Cubana de Boxeo recuerda a menudo el Mundial de Reno 1986, en Estados Unidos, cuando organizó un par de sparrings entre Savón y Stévenson, a quien considera “un verdadero símbolo para el pueblo”.

Durante el primero, en el campo de entrenamientos de Isla de la Juventud, Savón conectaría dos o tres buenos golpes iniciales. Luego de un descanso, Stévenson pegaba un fuerte golpe que provocaría el conteo de protección, aunque finalmente la mejor condición física del guantanamero terminaba por imponerse.

El segundo sería ya en Reno y esta vez –ha dicho Sagarra- Stévenson consiguió una combinación de golpes que hicieron sangrar y caer sobre las cuerdas a Savón. Tras detener la pelea, el carismático entrenador le susurraría a quien estaba llamado a ocupar el sitio dejado por la veteranía del tunero: “Puedes jugar con el león mientras está dormido, pero si se despierta te va a querer comer”.

Así, en la memoria de sus amigos y compañeros más cercanos, en el corazón de quienes se enorgullecen de compartir la misma Patria chica, Teófilo ha estado por estos días más presente que nunca. En su Delicias natal, cinco grandes escalaron juntos el ring de la historia, un sentido tributo al legendario campeón.

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