Yanitza Pérez: Reina de tierra y de mar


Yanitza Pérez. la mejor triatleta cubana de todos los tiempos.

Yanitza Pérez. la mejor triatleta cubana de todos los tiempos.

Apenas 14 años tenía aquella tunerita más bien endeble, la fría mañana de enero de 1999 en la que, recién llegada al Equipo Nacional de triatlón, mostraba como inmejorable carta de presentación una voluntad férrea y unas condiciones físicas envidiables, suficientes para derrotar en una carrera de cinco mil metros a todas y cada una de las estelares del país, atletas bien entrenadas y en su mayoría por encima de los 20 años de edad.

Era Yanitza Pérez Carbonell, quien una década más tarde se convertiría en la mejor exponente de la historia del triatlón cubano. Es la misma muchacha que dialoga haciendo gala de una naturalidad admirable y transmitiendo una increíble candidez, al tiempo que controla a un equipo de impacientes aprendices, ahora con mirada de entrenadora, empeñada en conducirles por los escabrosos senderos de uno de los deportes más exigentes que existen.

“Yo llego a este deporte quizás por lo inquieta que era de niña. Recuerdo que en la Secundaria la Educación Física me aburría mucho y por eso cuando fueron buscando niños para el triatlón enseguida me ofrecí, aunque no tenía ni idea de en qué me estaba metiendo. Los profesores explicaron más o menos que eran tres deportes juntos, pero yo en ese momento pensaba que era uno solo. Ya en octavo grado entré a la Academia de Natación porque nos dieron unas plazas a los triatletas y, después de algunas competencias nacionales, cuando vieron que tenía buenas condiciones,  me llevaron a España junto a otros niños del país. De ahí salté a la Selección Nacional”.

¿Cómo asumes con tan poca edad el rigor de esos entrenamientos tan fuertes?

“Cuando yo comencé se sabían pocas cosas del triatlón aquí en Cuba. Los entrenamientos no tenían la organización que se logró después y así, aprendiendo junto con los entrenadores, llegué a la edad juvenil y ya me incorporé a la élite, donde se hacían kilometrajes que ni remotamente pude imaginar nunca. ¿Cifras? Mira, en un entrenamiento hacíamos entre 70 y 80 kilómetros de bicicleta y, sin transición, otros ocho o 10 de carrera. O corríamos 20 kilómetros y después nadábamos ocho. Era realmente muy exigente aquello”.

¿Nunca dudaste ante tanta exigencia física?

“Yo llegué siendo una niña al Equipo Nacional y allí entrenaba con las primeras figuras del país, así que desde el principio tuve que acostumbrarme a hacer lo mismo que ellas. Creo que con eso de llegar y ganarles a todas en la carrera de cinco kilómetros me demostré a mí misma que podía resistir cualquier cosa”.

¿No provocó eso rivalidades, celos…?

“Sí, claro, llegar y ganar así fue buscarme un problema. Desde ese momento me miraban ya distinto, aunque la rivalidad es normal a ese nivel. Con algunas tuve una gran amistad y con otras no tanto”.

Estando entre las mejores del país, ¿cuándo te percatas de que eres ya, sin lugar a dudas, la número uno?

Mira, la historia comenzó precisamente aquí en Las Tunas. Fue en el Campeonato Nacional del 2005, después de una competencia internacional en que las que fueron por Cuba no salieron nada bien. Y yo creo que ahí hubo algo de suerte, de casualidad, no sé si fue el destino… lo cierto es que el día del evento amaneció lloviendo en Puerto Padre y, ya en la competencia, una tropezó con un perro y se cayó de la bicicleta; otra, le tenía miedo a la carretera mojada y no pedaleó bien. Y yo en lo mío, me dije que era mi oportunidad y al final gané.

“Yo llegué siendo una niña al Equipo Nacional y allí entrenaba con las primeras figuras del país, así que desde el principio tuve que acostumbrarme a hacer lo mismo que ellas…”

Después todo fue muy rápido: me llevé el oro en los primeros Juegos del ALBA y en el verano había una eliminatoria en Panamá para los Juegos Centroamericanos. Realmente el colectivo técnico no confiaba del todo en mí, porque era muy joven, pero el entrenador Alfonso González, que también es tunero, dijo que se iba a arriesgar conmigo y, como ya no daba tiempo a hacer una eliminación nacional, tuvieron que llevarme a mí. Terminé con la medalla de plata y no hice quedar mal a los que sí confiaron en mí”.

Ahí comienza el reinado de Yanitza Pérez…

“Sí, después de eso vino la medalla de plata por equipos en los Juegos Centroamericanos de Cartagena 2006. Ese mismo año gané los segundos Juegos del ALBA y la Olimpíada del Deporte Cubano, y en el 2007 estuve en los Juegos Panamericanos de Río, que fueron una experiencia muy fuerte y me sirvieron para conocer cómo era una competencia de mayor nivel. Creo que eso me ayudó a ganar la Copa Panamericana del 2008 en Isla Margarita, Venezuela. Allí conseguí algo que para mí fue siempre muy difícil: salir del agua entre las primeras. Cuando me vi delante supe que iba a tener una buena competencia, porque el ciclismo y la carrera eran mis fuertes”.

¿Y cómo es la anécdota que tuviste con una brasileña en esa ocasión?

“Esas son las cosas que la gente no sabe de este deporte. Para comenzar, en la natación la lucha es tremenda. Ahí en el agua los árbitros no pueden hacer nada y son muchas mujeres nadando casi una encima de otra, todas queriendo llegar primero al mismo punto: te hunden, te pasan por encima, te dan golpes de todo tipo… Y con la brasileña lo que sucedió fue que me dio un codazo en la zona de transición hacia las bicicletas. En ese momento lo único que pensé fue que me había pasado todo el año entrenando para ir a una sola competencia y aquella mujer me quería dejar fuera, así que le di un empujón que la saqué de los conos que marcaban la pista y seguí corriendo más fuerte aún hasta ganar el oro, precisamente por delante de dos brasileñas”.

Llega entonces tu resultado más importante.

“Mi competencia más importante fue la Copa Mundial de Monterrey, México, en el 2010. Allí terminé en el lugar 13, que es la mejor posición que se ha conseguido en la historia del triatlón cubano.

“Fue una prueba realmente difícil. Yo creo que si ese día hubiera habido 100 metros más de natación yo no salgo del agua, porque se nadó muy fuerte y para colmo esta vez los choques fueron con una alemana. Ya en el ciclismo me mantuve todo el tiempo en el grupo de atrás porque el ritmo era muy alto e incluso hice una novatada: tuve que perder segundos tomando agua en la zona de transición, porque el circuito era tan exigente –con curvas, subidas, virajes en ´u´– y la competencia tan tensa, que no pude hacerlo sobre la bicicleta. Finalmente logré estabilizarme en la carrera y terminé en ese lugar 13 entre varias atletas de nivel mundial”.

A partir de ese momento comienza una etapa muy difícil para ti.

“Sí. Lo primero fue que Cuba no asistió en ningún deporte a los Juegos Centroamericanos y no pude clasificar directamente a los Panamericanos. Tuve que ir entonces a un clasificatorio y terminé tercera, o sea, que no alcancé la plaza a Guadalajara. Fue una competencia mala, en la altura, en condiciones que siempre se me hicieron muy difíciles.

“Esas son las cosas que la gente no sabe de este deporte. Ahí en el agua los árbitros no pueden hacer nada: te hunden, te pasan por encima, te dan golpes de todo tipo…”

“Después de ese resultado y de la pésima actuación de Cuba en los Panamericanos, el colectivo técnico decide hacer una renovación y nos apartan a mí y a Maidelín Justo (otra tunera), que éramos las número uno y dos”.

¿Cuán difícil es que te obliguen a terminar una carrera como la tuya de esa manera?

“Es muy triste. Después de tantos años de sacrificio y de haber conseguido lo que nadie ha hecho en el triatlón cubano, no me parecía justo que me trataran así. Yo creo que todo atleta tiene recaídas, momentos malos, pero siempre merece una segunda oportunidad. Y en lugar de preocuparse por lo que me pasaba, ellos decidieron que no podía seguir, aunque no tenían –ni tienen– ninguna muchachita que ni siquiera se acercara a mis tiempos”.

Decir adiós es siempre muy duro. ¿Cómo ha sido para ti?

“Después del tiempo que he estado inactiva y de haber terminado las cosas como terminaron, me dije que podía retirarme sin problemas: lo di todo en cada competencia mientras fui atleta y en ese sentido estoy satisfecha de lo que hice.

“Al triatlón le he dado casi la mitad de mi vida, buena parte de mi juventud, pero creo que me ha hecho una mujer más fuerte, más independiente. Cuando miro hacia atrás me siento orgullosa de haber representado a Cuba en tantos lugares del mundo, aunque también me queda una sensación de vacío, quizás por el final de mi carrera.

“Es muy triste. Después de tantos años de sacrificio y de haber conseguido lo que nadie ha hecho en el triatlón cubano, no me parecía justo que me trataran así…”

“Es posible que mi retiro esté todavía demasiado reciente como para analizar todo lo que conseguí o la importancia que pueda tener eso, pero lo cierto es que soy muy sencilla y no me siento alguien especial. Soy una más entre mis compañeros de trabajo”.

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