Clásica resaca


En el choque decisivo ante los holandeses, Yuliesky Gourriel cedió  ante la extrema presión  a la que le han sometido afición y los medios cubanos.

En el choque decisivo ante los holandeses, Yuliesky Gourriel cedió ante la extrema presión a la que le han sometido la afición y los medios cubanos.

Mientras los equipos de Japón y Holanda se encuentran ya en la ciudad estadounidense de San Francisco para disputar con mucho merecimiento las semifinales del III Clásico Mundial de Béisbol, la afición cubana continúa sangrando profusamente por una herida que, en lugar de cerrarse, se hace más profunda con cada nuevo traspié del conjunto de las cuatro letras.

Sumidos en una enorme borrachera de béisbol, después de calmar su larga sed con una copa tras otra de lo mejor que puede verse a nivel de selecciones nacionales, los fanáticos cubanos despertaron repentinamente en la mañana del lunes 11 de marzo, cuando un fly de sacrificio del holandés Kaliam Sams nos dejaba tendidos sobre el campo del majestuoso Tokyo Dome. La amarga resaca tortura aún lo más sensible del orgullo nacional y le ha dado nombres propios y recurrentes a la derrota.

Porque, sin darle tantas vueltas, lo cierto es que el decisivo revés ante Holanda tuvo en el espirituano Yuliesky Gourriel a su principal responsable, a pesar de que Víctor Mesa haya pretendido en conferencia de prensa monopolizar las culpas.

“La amarga resaca tortura aún lo más sensible del orgullo nacional y le ha dado nombres propios y recurrentes a la derrota”

El antesalista cubano enturbió su brillante jornada ofensiva (de 5-3, un doble, dos impulsadas) con cuatro errores puntuales (entró tarde en el robo de tercera base, cometió error y permitió que se embasara la carrera de la derrota, no tocó bien la bola con dos corredores en base y no anotó desde segunda con un sencillo al izquierdo) que costaron, como mínimo, dos carreras a favor y otras tantas en contra. Sin embargo, más allá de marfiladas propias del juego, lo llamativo fue el estado de extrema presión que afectó precisamente a uno de los tres peloteros cubanos con experiencia en todos los Clásicos Mundiales y uno de los contados jugadores con el privilegio de mantenerse como titular inamovible por más de una década.

Llegados a este punto, vale preguntarse de qué manera el pelotero más integral del país ha involucionado año tras año, hasta convertirse a veces en un lastre para las aspiraciones del equipo. Su particular via crucis comenzó en la final de los Juegos Olímpicos de Beijing, con aquel infausto doble play, aunque otros factores venían alimentando ya la extraña animadversión que despierta entre la afición cubana. Y aquí entra en escena una prensa nacional totalmente acrítica, sobre todo la televisiva, protagonista de actos tan poco edificantes para el prestigio de Yuliesky como aquella llamada telefónica en medio de una transmisión, solo para saber si la mamá del “Yuli” estaba viendo jugar al “niño”.

Y es una verdadera lástima, porque el más popular del llamado “Clan Gourriel” es un muchacho más bien sencillo dentro del diamante, de oídos sordos a las muchas e injustificadas ofensas que recibe en cualquier estadio de Cuba que no sea el José Antonio Huelga. Es, también, el atleta más completo de cuantos han pasado por la pelota revolucionaria cubana, una realidad que avalan de manera incontestable las estadísticas.

“vale preguntarse de qué manera el pelotero más integral del país ha involucionado año tras año, hasta convertirse a veces en un lastre para las aspiraciones del equipo”

Por todas estas razones, los mismos que le acribillan ahora deben ponerse a pensar cuánto de culpa tienen en la fatal metamorfosis del pelotero que decidió el juego por el oro en los Juegos Panamericanos del 2003 o el que encandiló al mundo del béisbol rentado en el Clásico Mundial del 2006.

Víctor: entre deudas y aciertos

El otro nombre que anda en boca de todos es, por supuesto, el de Víctor Mesa. El más polémico de cuantos mentores han llevado las riendas del “Cuba”, pidió manos libres para trabajar y confeccionó el equipo que creyó mejor para enfrentar tamaño desafío. A la vuelta de unos meses, el resultado no es ni mucho menos brillante, aunque tampoco el fracaso total que muchos quieren vender.

Víctor Mesa volvió a estar  en el centro mismo de los debates

Víctor Mesa volvió a estar en el centro mismo de los debates

Lo cierto es que esta versión del elenco antillano fue la de mejor ofensiva en los últimos años (11 jonrones en seis juegos) y tuvo casi siempre a la combatividad como bandera, además de exhibir una ansiada victoria ante Japón, luego de tres sentidos reveses consecutivos. Sin embargo, en el capítulo de las deudas, Víctor arrastra el hándicap de dirigir aún por impulsos, en franco contraste con la sangre fría y la mesura del resto de los managers, atributos más eficaces a la hora de conducir el juego, tal y como lo demostró el holandés Hensley Meulens en sus muchas y calladas lecciones de buen tino para fabricar carreras. Igualmente, se echó en falta el muy publicitado “juego chiquito”, una filosofía erróneamente asociada casi con exclusividad al toque de bola (tampoco se pudo hacer con efectividad), mientras el robo de bases (solo se estafaron cinco), el corrido y bateo, y la correcta selección de lanzamientos (lo que en Grandes Ligas llaman paciencia) brillaban por su ausencia.

“Víctor arrastra el hándicap de dirigir aún por impulsos, en franco contraste con la sangre fría y la mesura del resto de los managers”

Al parecer, va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre y reconocer que los peloteros cubanos ceden en preparación técnica ante el oficio y la disciplina táctica de la mayoría de los rivales. Quizás sea tiempo, entonces, de dejar de pensar que todo en el profesionalismo huele a azufre y escuchar de una vez por todas el enésimo llamado de Víctor Mesa: los jugadores cubanos necesitan insertarse en Ligas de mayor nivel. Ese debe ser el verdadero techo del béisbol nacional.

El tulipán negro

La piel de ogro que mostró Japón en sus duelos contra Cuba hace cuatro años, fue lucida esta vez por el excelente equipo de Holanda. Los tulipanes nos vencieron en dos ocasiones y llegaron a cinco victorias en seis salidas, para demostrar sobre el terreno que son, como colectivo, mejores que los cubanos.

Y es que, a fin de cuentas, varios de sus lanzadores enseñaron mayor velocidad, mejor dominio de la zona de duda y hasta un repertorio más sutil que el de los serpentineros antillanos.

“los jugadores cubanos necesitan insertarse en Ligas de mayor nivel. Ese debe ser el verdadero techo del béisbol nacional”

En el siempre definitorio apartado del pitcheo, no fue únicamente el holandés, sino que muchos staff exhiben una profundidad superior a la del cubano. Trabajo casi constante en las zonas baja y pegada, eficaz uso del cambio y la variación de la velocidad, infinidad de lanzadores capaces de sobrepasar las 94 millas, aun sin militar en conjuntos de Grandes Ligas y, en algunos casos, provenientes de Ligas “menos fuertes”, como la italiana o la de los Países Bajos. Esas cualidades, en otra época comunes dentro del bulpén cubano, son ahora contadas excepciones, pues el supuesto líder de la rotación, el espirituano Ismel Jiménez, es un lanzador que se encomienda con increíble recurrencia a una slider que casi siempre rompe hacia centro del home y, por tanto, solo funciona ante equipos de bajo calibre ofensivo.

Y ahora, ¿qué?

Consumado el batacazo en tierras niponas, al béisbol cubano le queda, como única opción, intentar un despegue definitivo y evitar esa especie de deja vú que nos sorprende tras cada fracaso, cuando nos repetimos como una letanía aquello de que “ahora lo importante es sacar lecciones de la derrota”.

En la Mesa Redonda del pasado miércoles el Dr. Franger Reynaldo, algo así como el teórico del cambio en el béisbol cubano (es el principal impulsor de la actual estructura de la Serie Nacional), al tiempo que evitaba cualquier autocrítica de la Dirección Nacional tras el fracaso en el Clásico (“qué habría pasado si hubiéramos ganado ante Holanda”, dijo), anunciaba una estrategia de desarrollo de nuestra pelota hasta el 2017. El técnico y estudioso puertopadrense se pronunció por el rescate de la masividad en las edades más tempranas y por la potenciación de todo tipo de torneos en categorías menores.

Sin embargo, incomprensiblemente, olvidó anunciar con qué recursos llevarán adelante tan caro propósito, cuando el espectáculo que siempre fue el deporte de las bolas y los strikes se pierde ahora mismo en el marasmo de la llamada Segunda División por necesidades meramente económicas, o después de que Cuba se quedara nuevamente fuera de la Serie del Caribe por carecer del millón y medio de dólares indispensable para incluirse. En medio de una realidad nacional que exige inteligencia y decisiones audaces, conseguir que el deporte cubano encuentre la fórmula para autofinanciarse es, más que una necesidad, una obligación.

La incoherencia en los planteamientos de Franger no es, sin embargo, tan preocupante como su afirmación de que el béisbol “sigue siendo básicamente el mismo” tras 167 años de historia. El escenario de la pelota que se practica hoy en el mundo, en lo técnico, lo estratégico y en su manera de construir y sustentarse como espectáculo, es muy distinto del que hace tan solo 20 años estábamos acostumbrados a dominar con amplitud. Cuanto antes lo comprendamos, mejor…

Anuncios

3 pensamientos en “Clásica resaca

  1. Pingback: Lunares… | Esquina Caliente

  2. Pingback: Un gran paso de avance… | Esquina Caliente

  3. Pingback: El síndrome del patico feo | Esquina Caliente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s