El “nuevo Pedroso” le pone nombre propio a la ilusión


yalvarezEn la pequeña localidad mexicana de Parral, el béisbol es cosa de todos los días, pasión que se debate en el eterno dilema de una nación por momentos dividida entre la fiebre arrasadora del fútbol y la tradición del deporte de las bolas y los strikes.

Quizás por eso sea doble el mérito de un espigado muchacho tunero, capaz de despertar el interés de los parralenses, cuando ante el conjunto de Argentina pegó el pasado 18 de agosto uno de los más espectaculares batazos del primer Campeonato Mundial de Béisbol, categoría sub-15 años.

Poco más de un mes después, el también tunero Ángel Hechavarría, asistente y preparador físico del conjunto que finalmente se llevó las preseas de plata, nos cuenta que en el primer capítulo de un choque que sería suspendido por lluvia, una atónita afición vio cómo la pelota recorría hasta 425 pies por el jardín central del Gran Estadio Parral. Más tarde, muchos desafiaron las inclemencias del tiempo para acudir en masa a hacerse fotos y a conocer al toletero que, con apenas 15 años, firmó un batazo solo comparable (en opinión de los lugareños) al que algunos años atrás conectara un jugador profesional venezolano.

Ya concluido el torneo y tras acaparar titulares en las prensas mexicana y cubana, el autor del bambinazo hace un pequeño paréntesis en una de sus jornadas matutinas de preparación, para presentarse a los lectores de Esquina Caliente: Yordan Rubén Álvarez Cadogan tiene apenas 15 años, mide 1,92 metros y procede del sureño municipio de “Colombia”, la tierra donde su padre, el expelotero Agustín Álvarez, lo llevó hace casi una década a dar los primeros pasos dentro de un diamante de béisbol.

La pelota, en la sangre

“Yo vengo de una familia de peloteros. Toda mi vida he oído hablar de pelota y ya a los seis o siete años mi papá empezó a llevarme a practicar. Recuerdo que mi primer entrenador fue Omar Ramos, allá en Colombia. Él trabajaba con niños mayores que yo y cuando llegué allí y comencé a jugar no sabía ni fildear un fly; pero vieron mi estatura, me dijeron que fuera todas las tardes y mira, aquí estoy”.

Con tres años en la EIDE Carlos Leyva González y después de participar en los Campeonatos Nacionales 9-10 y 11-12 años, Yordan ha comenzado a explotar las enormes potencialidades que han puesto a soñar a muchos de los que le ven jugar, seguros de estar en presencia de un futuro extraclase.

“Yo creo que ya le cogí la vuelta a esto de la pelota”, dice con tranquilidad, mientras observa a sus compañeros entrenar en el estadio Ángel López Jiménez, de esta ciudad, con la mirada puesta en el próximo Campeonato Nacional Juvenil.

“Yo vengo de una familia de peloteros. Toda mi vida he oído hablar de pelota y ya a los seis o siete años mi papá empezó a llevarme a practicar”

El tercer bate cubano y mejor inicialista del campeonato del Orbe, responde con calma a cada una de las preguntas que le llegan a ráfagas, apremiadas por la exigencia de un entrenamiento que debe continuar. Quizás sea la misma mesura que le distingue a la hora de batear y que le añade un valor agregado a sus muchos atributos: la paciencia para escoger los lanzamientos, una cualidad en serio peligro de extinción dentro del béisbol cubano y, por ende, mucho más difícil de encontrar a tan temprana edad.

yalvarez_1“Lo de la paciencia a la hora de batear es natural en mí. Lo único que hago es tratar de fijarme bien en la forma de lanzar del pitcher y cuando voy caminando para el home, me voy diciendo lo que tengo que hacer: si me pitchean para la esquina de afuera, batear para el left field; si es bola mala, no irme con ella…”

Itinerario de una estrella

A principios de este 2012, Yordan Álvarez se aprestaba a tomar parte con el equipo de Las Tunas en el Campeonato Nacional 15-16 años. En su mente, las ideas estaban muy claras: “Desde que empezó la competencia yo tenía el deseo de llegar al equipo Cuba. Comencé como cuarto bate con Las Tunas y en la primera subserie bateé de 10-5 contra Camagüey. Parece que eso impresionó al mánager de ellos, Danilo Domínguez, el mismo que después fue director del ´Cuba´, porque él me decía que me esforzara, que yo tenía que ser tercero o cuarto bate del equipo. Siempre me dio mucha confianza y yo, por mi parte, me puse para la cosa y terminé como tercero de los bateadores en el Nacional. Ya en la preselección, había muchos bateadores de nivel, pero me impuse a base de batazos. Fíjate que, siendo mi primer año en la categoría, logré ser el tercer bate del equipo Cuba”.

Vencidos los primeros obstáculos y ya con el número 24 distinguiendo su camiseta de las cuatro letras, Yordan arribó a tierras mexicanas el pasado agosto con el objetivo de ganar el título mundial. Muy dentro de él, sin embargo, latía otra motivación: el sueño de su padre, su seguidor número uno, estaba aún por cumplir.

“Me sentí muy bien al bate desde el principio y parece que los otros equipos se dieron cuenta muy rápido. No sé si era porque estaba de tercero en la tanda, por mi tamaño o por la forma en la que le estaba pegando a la bola, pero desde los primeros juegos empezaron a ´huirme´ la pelota y por eso terminé con tantas bases por bolas y pelotazos. El primer día, que jugamos contra Hong Kong, un aficionado mexicano me dijo desde la grada: ´oiga, muchacho, cuídese mucho, que usted va a ser un gran bateador´. La gente me animaba mucho y creo que les gustaba verme batear”…

Con una desaforada ofensiva, el tunero complació con creces a sus admiradores. Durante varios días su nombre se hizo común en los cables que, desde Chihuahua, hablaban de la inapelable superioridad del equipo antillano, convertido en una verdadera maquinaria de jugar béisbol. Sin embargo, en franco contraste con una primera fase que transcurrió por senderos plácidos, los dos choques finales exigieron en extremo a los bisoños cubanos.

“Yo creo que al final nos afectó un poco la presión. Contra los mexicanos, el penúltimo día, jugamos de noche y con la grada llena, dos cosas a las que no estábamos acostumbrados. En el noveno inning me tocó batear y yo quería decidirlo, pero no me quisieron pitchear y me mandaron para primera. El juego que perdimos en la final frente a los venezolanos, fue la primera derrota que sufrimos, porque le habíamos ganado a todos en la competencia, y acá en Cuba a equipos de primera categoría de Mayabeque y de la Liga Azucarera de Villa Clara”.

“Durante varios días su nombre se hizo común en los cables que, desde Chihuahua, hablaban de la inapelable superioridad del equipo antillano, convertido en una verdadera maquinaria de jugar béisbol”

Enfrentados a un sinnúmero de nuevos escenarios, probablemente los cubanitos acusaron en demasía el peso de esa obligación de ganar que arrastra cada uno de nuestros representativos en la arena internacional. Para Yordan, por ejemplo, no fue nada fácil enfrentar, sin ninguna experiencia previa ante las cámaras, una visita a los estudios de TV Azteca, cuando la reputada televisora no quiso faltar a la cita con el nacimiento de una estrella.

Con promedio superior a 500 e incluido entre los primeros en varios renglones ofensivos, Yordan Álvarez confirmó lo que muchos auguraron desde los primeros días del torneo. “Cuando íbamos para la premiación, ya en el terreno, me separan del grupo y me mandan para el banco. Yo me asusté porque pensé que era por algo malo, pero ahí fue cuando me enteré de que había sido el mejor primera base y que nos iban a dar los premios. En ese momento pensé mucho en mi papá y en todo lo que él ha hecho para que yo sea un buen pelotero: el sueño mío era hacer un equipo Cuba y el de él era verme en el Todos Estrellas. Así se cumplieron los sueños de los dos. Yo casi no podía hablar, pero apenas llegamos a Guadalajara lo llamé y le conté. Ese momento nunca se me va a olvidar”.

El nuevo Pedroso

Por su estatura y sus condiciones naturales, Yordan Álvarez parece nacido para jugar la primera base. Sin embargo, ha incursionado también en los jardines y debe ser utilizado como cerrador en el Campeonato Nacional Juvenil, pues según los entrenadores es capaz de llegar a las 87 millas por hora y posee un excelente control. “A mí me gusta mucho pitchear. En el albergue, frente al espejo, repaso los movimientos, aunque creo que nací para ser bateador. Por ahora voy a llevar las dos cosas parejas”.

“Ya he oído que me comparan con Joan Carlos Pedroso y dicen que soy su relevo. No te niego que eso me gusta y que es una gran responsabilidad, pero prefiero esperar dos o tres años a ver qué pasa. A pesar del jonrón ese del que tanto se habla, yo soy más de tacto que de fuerza. Lo que sucede es que cuando le pego bien a la bola, salen esos batazos”.

Mientras afirma que sigue sin asimilar por completo todo lo conseguido hasta ahora, Yordan no se olvida del exjardinero Omelio García: “A él también le agradezco todo el tiempo que me dedicó y todo lo que me ayudó allá en Colombia”.

El talentoso colombiano, un pelotero que ha conseguido lo que muy pocos tuneros han hecho a su edad, reconoce que intenta asumir con naturalidad el hecho de que la gente lo reconozca en la calle y le felicite, al tiempo que no tiene dudas al poner el punto final: “En mi futuro solo veo la pelota. Estoy convencido de que mantenerme en el ´Cuba´ me va a exigir mucho sacrificio, pero solo pienso en volver al Equipo Nacional, estar de nuevo en una final y, claro, buscar el desquite”…

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